HOWARD HODGKIN / ALMA DE UN HOMBRE


Si según la creencia mágica partiésemos de la idea de que en el retrato se hallase el alma de un hombre, el poseerlo significa el tenerlo a tu merced. Cuando le infliges un daño a la persona, también se lo estás causando a su imagen.


En este retrato del pintor británico, Howard Hodgkin, es como si los sufrimientos, el dolor, y la angustia ante ellos, hubiesen borrado el semblante dejando únicamente unos mínimos ojos como huella y testimonio de ese padecimiento, de una tortura que ha humedecido el rostro de sangre.


En él no queda desvirtuado todavía ese trasfondo religioso de la identidad entre retrato y retratado, ese abismo que se hace más profundo a partir de los comienzos del arte,cuando nos comenta Plinio, se trazaron líneas en derredor de la sombra de las personas. O como en las leyendas tibetanas y mongólicas, que se concibe la sombra como un retrato en potencia que sólo espera que alguien lo plasme.


Mi amigo Humberto está desolado por lo que ocurrió con uno de sus cuadros. Era un encargo de un cliente que le pidió un paisaje tropical con un loro. Cuando fue a recogerlo, se quejó de la ausencia del loro en la tela, lo que mi amigo explicó diciéndole que éste había volado porque, sin darse cuenta, había dejado abierta la ventana. Y al final no hubo forma de que se lo pagara. ¡Qué caros cuestan esos errores!

MI AMIGO HUMBERTO EN LA ENCRUCIJADA


Al traspasar el umbral del taller de mi amigo Humberto, me encontré un gallo con sus patas empapadas en naranja encima de un lienzo. Me aseguró que lo había hecho Hakusai en Japón. Después imitó a Protógenes arrojando una esponja impregnada en rojo sobre la tela. El efecto obtenido era ininteligible y confuso, hasta el punto de que el ave galliforme no se reprimió en mear encima para imprimirle más nitidez.


Inconsolables y meditabundos, nos fuimos a dar un paseo y al llegar ante una pared mugrienta se puso a mear, diciéndome que Piero di Cosimo al fijar la vista en un muro lleno de vómitos, imaginaba batallas entre jinetes, extrañas ciudades y los paisajes más extensos nunca vistos. Y el pintor chino del siglo XI Sung-ti aconsejó a Ch'en Yung-chih que pintase un paisaje de acuerdo con las ideas sugeridas por un muro derruido, porque entonces el pincel seguirá el juego de la imaginación y el resultado será divino y no humano.


Pero los meandros dejados por el orín no resolvieron nada. Sería, supusimos, por su nula consistencia o demasiado aguados por la carencia de ron.


En esas aparece un agente de la autoridad y nos lleva, temiéndonos lo peor, ante el juez por considerarnos autores de un delito contra el patrimonio inmobiliario, pero el magistrado, ante nuestro asombro, se remitió a una célebre sentencia del rey inglés cuando Hans Holbein fue acusado: "Sabed, Señor, que, si quisiera, podría convertir a siete campesinos en siete condes pero nunca siete condes en un Hans Holbein".


Y fue así como quedamos libres y con más empeño que nunca en trazar la silueta de las sombras en ese escaso amanecer en el malecón.


EL ARTISTA


La antigüedad clásica no atribuía un talento especial o singular a pintores o escultores. Según Schweitzer, "la posición social del artista en la ciudad-estado griega era aún muy limitada, caracterizada por la falta de independencia, la mitad de los derechos ante la ley y una estimación de su rango extraordinariamente baja".


Los motivos estribaban en la condición manual de su labor y en la concepción platónica del arte como mimesis, o imitación de la naturaleza, un reflejo lejano del verdadero ser, que el arte intenta copiar como una segunda mano. Platón los consideró artesanos porque les faltaba por completo la inspiración divina con que contaba el poeta.


Es Plotino, ya después del siglo IV a.d.Cristo, el que ante una imagen de Zeus explicó que lo que tenía Fidias en su interior no era la representación del dios sino su propia esencia.


Tal afirmación facilitó el camino a una revisión del concepto de artista, llegando a equipararle a los poetas y pasando, igual que éstos, a ser protagonistas de sus propias biografías.


Finalmente, hemos de señalar que esta imagen del artista no se perdió del todo en la Edad Media y reapareció triunfante con el Renacimiento.

CARLOS CASARIEGO / SEGUIR DONDE LO HE DEJADO

Entre estas dos obras del artista asturiano Carlos Casariego media un tiempo de cuarenta años. Y sin embargo, las nociones subyacentes son similares que no idénticas.

En la primera muestra anida un concepto plástico por el cual la imagen, la representación, no vale por sí misma, porque no es completa, porque le faltan los rasgos vibrantes que él introduce, de tal forma que esa esquematización a partir de una gama cromática simbólica pueda transformarla hasta llegar a ser como la que propone, como en realidad debería ser bajo otros patrones más estéticos. El objeto pasa a ser trasfondo y el emblema (rojo, blanco y negro) el objeto, y la construcción una alegoría del poder.



Pero ya han pasado cuarenta años y la rabia contenida se postula ya sin referencias externas, sólo la emoción virulenta expresada a través de la fuerza del pigmento. El cuadrado negro intenta contener esa marea roja en un mar contaminado de azul mas es imposible. El pintor descubre que su evolución pictórica se llena de los mismo signos pero con otras texturas, otros significantes, que condensan casi una vida en formas que se desdicen para adquirir más significado.

Esta noche los murmullos del malecón están cohibidos. Han ahorcado a un esqueleto en una de las puntas. Mi amigo Humberto me dice que habrá más, que alguien sin culpa los sacará de sus tumbas para que ahí colgados no pasen hambre. Y nos fuimos, pues no nos atrevemos ni con el hambre ni con la justicia, sólo con la penumbra por cicatearnos el cobijo.

ISABEL COSIN / NATURALEZA LIBRE


Para Isabel Cosin, artista valenciana, la naturaleza no debe pintarse como lo que es sino como lo que parece. Y esta obra es todo un ejemplo de ello.


La conciencia teórica y estética está presentes en la plasmación de unas formas que a través del color dilucidan el perfil y la fisonomía de un paisaje que se inventa a sí mismo dentro de una superficie acuífera transparente.


Y este paisaje divaga por medio de la armonía de leves acordes, de acústicas en que se refleja una plástica lírica, de poemas arbóreos en busca de significados latentes en la nomenclatura cromática.


La mirada nada a través de esta sinfonía cuyo propósito se percibe a través de una danza que sea el origen voluptuoso de otras.


Entre el sol y la sombra mi amigo Humberto pinta incansable. No sigue ningún rumbo pero cuando se acerca al abismo retrocede. Y yo le digo que es necesario cruzarlo, de lo contrario el malecón ya no serviría para solventar las dudas, para acallar la rabia de los tiempos y el furor de los impíos.

PAULA FIGOLI / DESGARRÓN


Un velo queda rasgado por la tensión de fuerzas centrífugas (quizás son las propias manos del que usurpa un espacio ajeno), aunque la ligazón persiste a través de una atadura que quiere volver a reunir ambas partes, a restaurar lo desgarrado para que el enigma, lo que está oculto, siga estándolo.


Paula Figoli, joven e inquieta artista argentina, juega con la plasticidad de lo que se descorre para enseñarnos a ver más allá. Y en este caso, la cicatriz negra, quemada, con su costra mordida, queda al aire para mostrar un misterio que no ya no pretende serlo aunque siga sin ser desentrañado.


El himen se ha desflorado, la vertiente genuina del símbolo adquiere toda su dimensión y grandeza, y la catarsis es una piel machacada cuya sangre seca petrifica una geografía en la que la carne perpetra la traición involuntaria a la materia de la que está hecha.


Obra que concita visiones encontradas, mirada agudas ante un lenguaje de expresión dolida y en presencia de un elocuente sentido del sufrimiento en lo táctil y epidérmico.


Las fronteras del malecón no entienden de vida. Impiden la entrada cuando la exaltación es auténtica y no fugaz. Hoy, junto a la penumbra y debajo de ella, arribamos a sus límites y los traspasamos gracias a que no pudieron descubrirnos. Celebramos la gesta mi amigo Humberto y yo con una botella de ron salvada del naufragio. Y apoyados en el muro contemplamos en silencio los fantasmas de la desolación.

FRANCIS BACON


Tomándome la libertad de remitirme a una frase dicha por Schopenhauer sobre la raíz de la filosofía, que le dirigió a un interlocutor al final de su vida, diría que un "arte entre cuyas obras no se escuche las lágrimas, el aullido y el rechinar de dientes, así como el espantoso estruendo del crimen universal de todos contra todos, no es arte".


Francis Bacon así lo entendió y así lo llevó al límite. Todo lo que hay que decir sobre él y su obra ya lo ha pronunciado él con harto dolor. A nosotros nos toca contemplarlo y hacernos eco de ello. Si el Bosco nos deslumbró con lo incógnito, Bacon nos asombró con la capacidad de crueldad, furia, ensañamiento y destrucción que guardamos en nuestro interior. No hay mejor testimonio que el suyo.

MARCOS LORENZO / LA ANGUSTIA


Cuando se enfrenta el artista a la superficie sin rostro, le acomete una sensación inicial de impotencia, de duda, de indecisión. Marcos Lorenzo, pintor español, adivina que lo genuino en su sentido pictórico es agarrar la esencia de lo español -ese negro que se remonta a Zurbarán- y a partir de ahí ir consolidando un trabajo en que la mancha escribe por sí misma una historia plástica. Él tiene la suficiente seguridad e incontables recursos para encararlo.


No cabe duda de que es un continuador que arriba al informalismo como una vía de síntesis pero también de sinopsis, y de transgresión concebida desde dentro para que lo que salga afuera tenga la impronta de una sustancia interminable por su deseo de ser, de existir. Si en un momento determinado se experimenta una inclinación nihilista, ésta queda anulada por su carencia de tensión y de deseo.


En esta obra, empieza a considerar que unos confines han de incorporar otros, por eso la huella de una imagen blanca con fondo amarillo sucio queda atrapada por el tronco negro de la angustia, del temor a ser arrojado al exterior, a lo desconocido. Quizás sea una forma múltiple que emprende un nuevo rumbo desde premisas ya muy afianzadas, o quizás el final de un principio que todavía no ha germinado. Probablemente ésa sea la tensión que necesita para proseguir. Ojalá sea así.


Me encuentro a mi amigo Humberto bailando en el malecón en honor a Yemayá. Mientras lo hace canta:

  • "Orún oké orún salé ebá mi kachocho" (Dios en el cielo y en la tierra, no me dejes solo, ampárame).
Sigue bailando y dando vueltas con los ojos cerrados. Y a medida que lo sigue haciendo lo voy perdiendo de vista hasta que pasados unos instantes no lo diviso. Se ha ido pero sé que volverá.

LIA KAUFMAN / LO TRANSLÚCIDO


Lo lineal, lo geométrico, lo que se somete a un escenario de líneas y volúmenes, acredita la transparencia poderosa de la idea. Y esta luminosidad, nitidez y diafanidad son la puerta que abre la aparición de los cuerpos en su doble condición de realidad encarnada en su ropaje y reflexión metafísica envuelta en un halo translúcido.


Lia Kaufman, artista nacida en Argentina y radicada en nuestro país, marcó su rumbo plástico bajo esa premisa, que podemos también conceptuarla como el trazo de emociones en espacios que se entreabren como cuadrículas intemporales para que la figura adquiera la luz del símbolo, la meditación estática de lo que es y representa.


Y lo consigue plenamente, de tal modo que un paisaje sin sombra -yo que soy tan amigo de ellas-, casi desnudo, otorga vida a seres que se quedaron un instante detenidos en su eterno deambular.


Aunque la que no se detiene es ella, que, a partir de un acervo pictórico que le sirve de guía, prosigue una trayectoria que arriba a nuevas desembocaduras estéticas, con el propósito de ensancharlas hasta convertirlas en deltas.


Los babalaos apostrofan al malecón por culparle de la pérdida de su magia. También mi amigo Humberto le hace causante de sus desdichas, de su incapacidad para retener su incontinencia plástica, su cólico iconográfico. Son tiempos malditos, le digo, en que la creación no puede escapar de la sombra que destruye.

JUAN GOMILA / CEREBRO


Juan Gomila, artista enraizado en Asturias, es un pionero de una concepción plástica basada en que el espacio adquiere el narcisismo del "yo" y los distintos componentes que lo integran son el "ello", considerado éste como el factor catalizador de las distintas formas en que se despliega aunque sin pérdida de la igual naturaleza con la que opera el "yo".


Al darle la vuelta al objeto, que ya no estima necesario contemplado en su origen, y ver su reverso, retoma la caligrafía de las relaciones que entre ellas se desatan, la encrucijada de formas, señalando su identificación cromática en función de la piel con que se visten y taladran la superficie.


Hay mecanismos y engranajes, y planos que sirven de mapas a circuitos y filamentos conductores, tal si fuese, en definitiva, un plasma cerebral que postulase un sentido pictórico desde la formación de lo que vertebra una condición estética dada. Y con la que no se oculta nada.


Mi amigo Humberto sopesa y tasa los síntomas y el desarrollo de la angustia en la masa pigmentada. Se ve sin energía psíquica, y enfermo de agorafobia no sale del taller, no pasea por el malecón, ni camina en busca de esa pócima mental que haga del vacío un icono con el que seguir aburriendo a la vida.

ALEJANDRO MIERES / UTOPÍAS


Se ha dicho que la concepción marxista de la sociedad humana bajo el comunismo es una colectividad de artistas dedicados a la producción creadora. Si eso fuese así, Alejandro Mieres, artista afincado en Asturias, sería el artífice de la superficie utópica donde se asentaría.


Explorador de proyecciones plásticas en las que caben ficciones, invenciones y quimeras, estructura esquemas arquitectónicos de civilizaciones posibles en las que la síntesis de espacio, color -monocromo-, relieve y tiempo, conforman una visión que irrumpe como una plataforma estética fascinante.


Jesús Villa Pastur sostiene que este pintor consigue dos cosas inéditas en la historia de la pintura: que un cuadro pueda exhibir numerosas apariencias -múltiples realidades plásticas sin menoscabo de su concreta y nuclear realidad formal- y que ese amplio repertorio de apariencias se dé fundamentalmente en los ámbitos del espectador, convirtiéndolo casi subrepticiamente en colaborador.


Mi amigo Humberto trata de que un destello postrero difumine la colonia de criaturas que navegan por las aguas antillanas. Han sido condenadas por un delito de insomnio. Iluminado por sólo un miserable cirio, acerca sus ojos al lienzo para estudiar el modo en que nunca aparezca en la pintura la tierra prometida, pues de haberla, se la apropiaría tal como un fantasma requisa la sombra de un vivo para darse luz.

NICOLÁS DE STAËL / LEVEDAD


Esta obra de Nicolás de Staël se guarece en la poesía de la levedad para encerrar el misterio de una construcción blanca en un negro recinto de soledad.


Este pintor ruso que se quitó la vida en Antibes confiaba en que lo abstracto fuese el poema gráfico de una vivencia exhausta de tanta angustia no acabada. O la evolución de una pintura que estaba en los márgenes extremos de un verso puro, incontaminado de lo ya vivido y en camino de lo degenerado.


Levedad que no se sostiene, que gravita, que es un aroma entrevisto, un perfume del sino de pintar tenuemente los dos polos de un mismo destino. No hay crueldad en ello, sino la exacta melancolía de una existencia que termina.


Los mudos convergen en el malecón porque quieren hablar, pero nada más verse y reconocerse saben que el aprendizaje del lenguaje está por llegar. Y también saben que esa nueva lengua tendrá otro alfabeto y designará los conceptos según la forma de los labios. Mi amigo Humberto y yo, enmudecidos, comenzamos a pensar que no hay historias que no quisieran escribirse sino amanuenses que han quedado mancos por relatarlas en silencio.

JOAQUÍN VAQUERO PALACIOS / LO GEOLÓGICO


Pocos pintores han sabido calar tan hondo en lo tectónico como el asturiano Joaquín Vaquero Palacios. Él sabe como organizar esas masas pétreas, adivinar su textura y su vivencia geológica.


La morfología de ese paisaje prehistórico vierte todo su enigma en el espacio finito que trata de contenerlo, trasladando a nuestra mirada una noche insondable en un paraje de colosales túmulos que como criaturas gigantescas tapizan una superficie de sombras.


Grandiosidad afirmada en una gama cromática que hace más penetrante la sensación táctil de encontrarnos en una dimensión que nos enseña a ver la naturaleza de lo telúrico, ese espíritu que nos mantiene vivos e inmersos en lo que somos y seremos dentro de su interior.


Me abruma lo desconocido que está emergiendo en el malecón, que no se sabe si proviene de las aguas, del oriente o del norte. No tengo a mi lado a mi amigo Humberto para preguntarle, él sigue recluido en su taller tratando de desvelar las formas dantescas y caprichosas de un infortunio que no amaina.


LYONEL FEININGER / CONSTRUCCIÓN


Lyonel Feininger, artista norteamericano de largo recorrido estético, cree en la consistencia de la geometría, en la versatilidad del ángulo, de la línea y del prisma, para construir una realidad plástica a partir de la objetividad existente.


Y esa construcción aspira a que la historia del arte tenga otra base y múltiples coordenadas sobre las que seguir desarrollándose. Para ello lo finito se hace infinito, el vértigo de la ascensión se convierte en fe y lo humano en un minúsculo signo que se ampara y protege en el armazón que prolonga rectas, ejes, planos y volúmenes en una secuencia inacabable.


Obra en la que nunca vemos el final ni presentimos que lo haya, ni siquiera, incluso, ponderamos su necesidad.


Mi amigo Humberto, paseando sobre este acorde isleño para un solo instrumento, busca con fervor lo ilimitado en lo concreto más vital. Al no encontrarlo, desdibuja lo pintado y enmascara el antifaz para contemplar desde él lo único que se conserva puro en la penumbra.

OSKAR KOKOSCHKA


Para Oskar Kokoschka, artista austriaco, el espejo era un recurso insuficiente en donde él reflejarse y percibir todos sus demonios. Además no podía dejar sin vestigio ese juego que ya había iniciado consigo mismo a través de sus otros autorretratos, cuya proyección plástica absorbía completamente lo emocional hasta configurarse como la expresión pictórica de un hombre que, desconcertado y enajenado, pide un latido más de aliento para continuar.


Y si además el fondo cromático que sirve de muro o tapia amalgama intensamente conmociones, inquietudes, alteraciones o temores, es por el entorno que lo aprisiona y le confunde. Afuera hay demasiada sangre.


Como consecuencia de su participación en la I Guerra Mundial tomó aversión a la realidad que le circundaba, y ese sentimiento impregnó su huella en el rostro y en las manos, y sumergió en la oscuridad una parte de sus facciones, transmitiéndole vislumbres de enloquecido.


Mi amigo Humberto ha vuelto a internarse en el vacío comunicativo. La isla naufraga aunque se mantiene a flote, y el malecón distribuye encomiendas a los desaparecidos deseándoles buen viaje.

NICANOR PIÑOLE / RETRATO


Nicanor Piñole, este gran artista asturiano, compendia, en este retrato de su madre al final de su vida, un atlas de las vicisitudes de toda una existencia.


Su enorme talento pictórico le permite compaginar magistralmente la fuerza expresiva con la firmeza sosegada del dibujo, que ahonda en el volumen, en los múltiples rasgos, en la manera reclinada de la posición, señales inequívocas que nos hacen ver el paso del tiempo, su inexorabilidad, su condena. Piñole ha retratado la vejez sin un subterfugio por el que evadirse, por el que seguir respirando sin contaminar esta atmósfera de descomposición.


La plasticidad de este retrato, terroso, ocre y negro, colores afligidos, yermos, devastados, señala no sólo la materia mortal de que estamos hechos sino también la crudeza de nuestro destino, que se lee en cada mano, en el rostro, en la cabeza.


Hoy es día de silencio en el malecón. Mi amigo Humberto y yo acallamos lo evidente y enmudecimos ante lo oscuro.

ADOLPH GOTTLIEB / ABDICACIÓN


Pintores como el norteamericano Adolph Gottlieb han abdicado de enfrentarse al lienzo desde el espíritu del pasado. Como expresionista abstracto toma como referencia el estallido de lo ensimismado, de la forma que no acaba cohesionándose más que cuando se derrama en una geografía cuyos planos son su elemental esencia.


Lo accidental y lo existente dejan de aparecer, ya no juegan ningún papel en esta obra ni determinan representaciones que buscan al hombre para eternizarse.


Se desea la plasmación de un mancha que se manifiesta como un pensamiento policromo en estado de ser en sí, de ser en la nada. No hay nada más ni tampoco es necesario, ni siquiera legítimo. La mirada debe posarse y anudar su duda imposible en la abstracción y después vagar y cavilar en lo que ya será posible.


Mi amigo Humberto, me grita desde la lejanía, está juntando las cenizas del pasado para formar un presente. Pero están ya frías y su dibujo se deshace, y en el malecón, esta noche, no hay nadie que conozca la leyenda, también está olvidada en estos tiempos de ciclones y hambre.

EVARISTO VALLE / CARNAVALADA DE LOS OSOS


Jesús Villa Pastur, el inolvidable crítico asturiano, decía que las "Carnavaladas" del también asturiano y artista Evaristo Valle son únicas en la pintura española de todos los tiempos. Y quizás sea cierto.


Él habla del sortilegio del color, del misterio que las envuelve, del hálito poético que de ellas brota. Y también del silencio, del rito extraño y arcaico, de un dolor sobrehumano, de la vergonzante reverencia del hombre a su propia animalidad.


Evaristo Valle nos infunde un fuerte y penetrante extrañamiento ante esta obra, "Carnavalada de los osos", que revive arquetipos olvidados y marginados por la modernidad. Ella nos recuerda lo que fuimos, nuestros temores ancestrales, el oscuro enigma de nuestros orígenes. Y a través suya tocamos la tierra y volvemos a vernos en nuestra historia y acongojados ante nuestro destino.


Recibo un mensaje de mi amigo Humberto como si fuese de ultratumbra, me confiesa que el malecón, por más que le pregunta, no revela lo que piensa, cree que anda ciego, cojo y sordo. O se hace el loco. Y las mulatas, excoriadas de no se sabe si de hambre o de hombre, tampoco dicen nada.


ISMOS


Conocí la historia de un entusiasta artista, siempre muy inquieto e insatisfecho, que empezando como simbolista, se pasó después al abstractismo y acabó en el absurdismo en esa primera etapa.


En una segunda fase, se adhirió al acmeísmo, transitó luego por el anagogismo para posteriormente militar en el antirrealismo y sumarse finalmente al apariencialismo.


Descontento con los resultados, se embarcó enseguida con el atematismo, flirteó con el bidimensionalismo, lo intentó con el caligramismo y fracasó con el construccionismo.


Indesmayable y tenaz, se fue al creacionismo y al momento siguiente ya estaba en el cromoluminarismo, al que le siguió el cubismo, el dadaísmo y el divisionismo.


Ya algo fatigado aunque aún entero, se inició en el elemantilismo, ulteriormente en el esquematismo, el exacerbismo, el expresionismo y el fauvismo.


Con las esperanzas perdidas caminó hacia el futurismo, lo dejó y continuó con el geometrismo, hermetismo e ideoplasticismo.


Y desesperado ya, puso su último aliento en el imagismo, a continuación el irrealismo y sucesivamente, el linealismo, el litocromatismo, el naivismo, el negrismo, el objetismo, el onirismo y el perspectivismo.


Agotadas sus fuerzas y sus certidumbres, dedicó las últimas que le quedaban al postismo, el primitivismo, el puntillismo, el semiabstractismo, el sintetismo, el suprematismo y el surrealismo.


Y finalmente, ya agonizante, lo probó con el ultraísmo, el vibrismo y el vorticismo.


Descanse en paz.


Sigo aguardando noticias de mi amigo Humberto y de un malecón que cuando esta malherido mortifica a sus habitantes con una frase apocalíptica, robada a Jean Cocteau: "Yo soy una mentira que dice la verdad".

CÁNDIDO PORTINARI


Pocas referencias hay en España de Cándido Portinari, el gran artista brasileño del siglo XX, razón por la que ha pasado, y todavía continúa pasando, desapercibido.


Si a principios del siglo XX se decía que "las cosas pueden ser como son pero no lo sabemos, pues lo único que sabemos es que no son como las vemos", Portinari si las veía y las pintaba como lo que eran. Él participaba de la máxima de Munch: "el arte no tiene valor si no es sangre y vida".


Y a partir de esa convicción, se propuso ante todo recuperar la comunicabilidad en el arte, tal como que lo exterior no se difuminase en lo interior, que lo telúrico, desde esa realidad atroz de un continente, no se quedase en una mera sensación virtual, en un estéril juego cromático de búsqueda de cóncavos y convexos.


Y creo que su obra lo ha conseguido y por tanto ha rescatado desde una dimensión y contexto del subdesarrollo, de la fenomenología del hambre y la miseria, toda una visión plástica que se iniciaba siglos atrás en Grünewald.


Fuerza expresiva incontenible que no cabe en un grito de desolación, sólo en el alma de un mundo agónico.


Mi amigo Humberto sigue sin darme noticias desde su isla, lo que sólo me procura elucubraciones que no tienen un destino común, que carecen del aullido que atraviese un océano magro de incertidumbres y henchido de temores.


ANTONIO ROJAS PEINADO / INCERTIDUMBRE


Antonio Rojas Peinado, artista gaditano, comienza, al iniciar su quehacer, por adoptar los axiomas de la geometría euclidiana referidos a las tres dimensiones en el espacio: longitud, anchura y profundidad. Y sobre ellas construye y traza líneas, superficies y figuras, siguiendo la deducción, que hace plásticamente suya, de que el universo es finito pero carece de límites.


Y conociendo o sin conocer a Heinserberg, aplica su principio de indeterminación o incertidumbre en su trabajo, o lo que es lo mismo, la imposibilidad de averiguar al mismo tiempo la posición y el desplazamiento, pues Rojas Peinado, en su obra, así nos lo propone, pero no como una degustación intelectiva sino como una singladura en cuya contemplación nuestra mirada simultáneamente se llena de un artificio que es misterio y luz, enigma y encuentro.


Hace tiempo que no sé de mi amigo Humberto, ignoro si estará atado a su esquina de la isla ya preparado para el siguiente ciclón, o pintando mulatas escuálidas en un malecón cargado de verdades sin decir. Cuando lo sepa, seguramente que será en una noche más negra que el día.

MARLEEN / RESPUESTAS SOBRE LO HUMANO


Marleen es una pintora aún joven que define lo que tiene necesariamente que pintar dentro del meollo de un tiempo desnudo simbolizado en una humanidad que de tan escuálida -pura radiografía- ya no forma parte de la materia.


Para ello, ha construido un imaginario plástico de antropoides solitarios -esqueletos de aire contaminado- que se buscan en una inmensidad de escombros que son como restos de una eclosión desconocida pero no extraña.


Tenemos en nuestra mirada lo que podrían ser signos de nuestra violencia y errores, así como huellas calcinadas, atmósferas inhabitables, rastros que hemos dejado en una tierra que no parece ser ya la nuestra.


La superficie escenifica un escenario apocalíptico en que esa textura de palidez cromática nos lleva a contemplarnos desvalidos, impotentes ante tanta devastación.


Me intriga esta percepción en esta artista por la precisión y efectividad de una estética que lo condena todo menos a sí misma, como si fuese la única que pudiese salvarse de la hecatombe.


Mi amigo Humberto se ha perdido por los arrecifes del malecón, va en busca de un rescate no previsto, de un refugio imposible, de un amparo que ya es desamparo, de una libertad sin garantía. Lo avistaré cuando regrese y beberemos un ron sin vida.

VIVIR


Mi amigo Humberto se está tomando un respiro y con él se ha permitido una licencia inesperada incluso para él mismo, seguir por medio de estas dos obras un ciclo que era ya repetición y dudas. Sin embargo, las mismas son la expresión más exacta de su necesidad de vivir, de su ansia por seguir siendo el que es, de no fenecer en una isla asediada por la desolación.



  • Él ha encontrado una vía para mantener un diálogo consigo mismo en una situación en que sólo hay apremio, escasez, urgencia, necesidad, desolación, tristeza. En unas circunstancias en que la visión de estos personajes femeninos no nos las dejan ver, pero quizás sí adivinar pues la melancolía de la luz no se aparta de ellos. Él los pintó para que no lo conjeturáramos, para que quedase camuflado, para que el sonido del color y el manierismo de la forma nos atrajese o repeliese dentro de ese marco decorativo.



  • No trata de invocar a Millet para el que lo vulgar debe expresar lo sublime, ni a Courbet, que prohibía representar lo bello, lo elegante, lo sotisficado, lo armonioso, aunque formasen parte del existir real.



  • Él se invoca a sí mismo y a su grito de vida en una ciudad agrietada, sumisa, resignada, a través de esas figuras creadas para que le hablen y le digan que el infierno está siempre presente en lo otro y en los otros, en nosotros y en la tierra baldía, destruida, en un mar ávido y voraz y en un tiempo que deja ausencias para comer.



  • Mi amigo Humberto no sabe que hacer y abatido pinta imágenes que no quiere ver.





PACO DE LA TORRE / PAISAJES DE SAL


Desde el Romanticismo el paisaje ha luchado y conseguido ser sujeto y materia a partir de una óptica realista -era positivista de finales del XIX- o sobre la base de una concepción metafísica, sin olvidar otros estadios intermedios o simultáneos.


El artista almeriense Paco de la Torre, con un sosiego plástico a flor de piel, propone un paisaje el que la luz y la transparencia cromática desvela una ensoñación. Y ésta, bajo la geometría de la forma, descubre un paseo de la mirada y de la vida contenida en ella por unos espacios que iluminan la fibra de una soledad exterior.


Pero la puerta y las ventanas negras rompen esa sintonía, está ahí para advertirnos que en esa magia de luz se asoman demonios negros, oscuras remembranzas, silencios opacos. Mejor, nos dice en ese lenguaje de contornos diluidos, la claridad que el misterio sombrío, incierto, lóbrego e impenetrable.


Mi amigo Humberto y yo no dejamos de caminar por este malecón ruinoso y enfermo. La noche espanta los siseos y renueva oraciones, convida a los muertos con viandas extraídas a los vivos y celebra ceremonias en las que ya no hay confusión, sólo la sangre que va derramando el hambre.

SUPERVIVENCIA


Para Carlos Alcolea, ya desaparecido, y que formó parte de la Nueva Figuración Madrileña de los 80, la pintura era la asunción de un eterno infantil sin límites y una acusación a lo que no se intenta cuando algo es posible.


Una figuración en que la introspección visual se licua en formas reconocibles bajo otros significados, y en significantes cromáticos que ensayan envolturas que nos llevan hasta existencias perplejas en su propio suceso, en su confuso avatar.


En este homenaje a lo que se resiste a desaparecer, Alcolea media para arbitrar funambulescas fidelidades a lo que aspira a vivir dentro del espacio que les proporciona, cargado de una plasticidad que como ente en acción nunca deja de interrogarse.


Retratos de entelequias, de lugares insondables, de tiempos en los que lo inverosímil es más cierto que lo verosímil, de superficies de siluetas chinescas, todo eso nos depara una obra densa en que su contemplación es el reencuentro con lo que tenemos tan cercano y nunca vemos.


La lenta caricia de las olas sobre el malecón no acalla un amanecer de agonías fieras, de fuerzas ciegas y coléricas de tanta infelicidad. Mi amigo Humberto y yo nos abstenemos de bajar a ese infierno pues después no podríamos pintar nuestras sombras, que día a día se hacen más huesudas, hastiadas y livianas.


MARTA PALAU (1934-2022) / CONGREGACIONES DE FUEGO

La catalana PALAU, recientemente fallecida, ha estado envuelta en los orígenes de una cultura autóctona y ancestral americana que ha marcado...