JOSÉ LUIS ZUMETA (1939)

  • A este artista vasco, José Luis Zumeta, no le cabe la pintura en donde poder alojarla, es tanta el ansia que por sí misma tiene de abarcar toda su constelación visual que el espacio le queda escaso, insuficiente. Aunque como puede observarse esta carencia no le impide después una racionalización y organización que ofrezca la apariencia de una vorágine artificiosa.
    • La acumulación de imágenes son por sí mismas un relato viviente que definen color, luz y un lugar en el marco de la superficie que a nosotros, espectadores, nos permite tomar nuestro tiempo en descifrar la volubilidad plástica de figuraciones o abstractos figurativos que siembran de proyecciones nuestra mirada.

      • Incluso hasta nos complacería estar dentro del lienzo para formar parte de ese teleológico caos liberador y participar de esa creación que lo fermenta todo mediante una trashumancia cromática que es trasunto del propio pintor.


      • Hoy el Malecón ha ordenado silencio, no quiere oír hablar de desdichas, hambres, resignaciones, ruegos, cárceles, condenados, mudos. El silencio es lo que de verdad le inspira y le hace palpitar la sombría mano del degüello, lista para ensartar pensamientos cerrados y vírgenes. Ni siquiera mi amigo Humberto y yo dejamos que el ron susurrase.



M.K.CIURLONIS (1875-1911)

No se trataba de ser músico o pintor sino de encarnar la música en la pintura. Y en ese empeño el artista lituano Ciurlonis perdió la razón en plena juventud.

Pero antes nos legó una obra que ensayaba registros plásticos en forma de proyecciones etéreas que se ligaban al trasfondo de un pensamiento en permanente ebullición.

Circundaba las ideas con abstracciones pictóricas que autentificaban y configuraban el asalto a unos coloquios existenciales que siempre fueron los espectros compañeros de su vida.

Y hay que reconocer que su trabajo obtuvo el reconocimiento de señalar itinerarios, de ser el antecedente de las tendencias que vendrían inmediatamente después.



Los druidas del norte han olido que éste es territorio de difuntos que no han dejado de moler grano y cantar salmodias de ahora es el momento de que nunca vaya a ser siempre. Y añade mi amigo Humberto, si el Malecón acaba convenciéndolos dejarán de tocar la gaita y se convertirán en ojeadores de pateras con un libro de himnos entre las manos.

GUILLERMO PÉREZ VILLALTA (1948)

El artista español Pérez Villalta excita y ensancha nuestra imaginación mostrándonos laberintos y escenarios que pudieron converger y confluir bañados con esa luz meridional y en el olimpo de ese supuesto mediterráneo que a través de toda su obra volvemos a conocer y recobrar.
Pero también experimentamos como espectadores el efecto de ser prisioneros voluntarios dentro de esas arquitecturas animadas, clásicas y míticas, convertidos en personajes que tienen un destino que sobrellevar a pesar de encontrarse en una realidad ficticia que se hace augurio en cada momento.

Él hace que la pintura se haga representación de otra representación y ésta se localice en tierra de extramuros para evitar que se enarbole como un canon académico, pues en su obra no lo hay ni podrá haberlo porque esa figuración se reinventa constantemente y atiende solamente a una segunda naturaleza y constitución que le sale de sí misma con el fin de que el artista pueda redescubrirse en la arena del tiempo no consumado.


ANTONIO SAURA (1930-1998)


En esta obra del gran artista español Antonio Saura vemos el gesto y el desgarro, la crueldad y la ferocidad, lo negro ominoso como la piel que siempre nos cubre y está presente para que no nos olvidemos de que la ceguera es nuestra inmortalidad.

Las manchas de palidez sobresalen de esa negrura como una forma de vida efímera, brutal, tétrica, que se devora a sí misma porque no es capaz de abarcarse. El pintor exorciza esa maldición expulsándola hacia afuera en un intento de que su visualización plástica reciba en la mirada del espectador un canto infectado de lo resucitado.


Obra para contemplar en crepúsculos mudos con la visión ahogada por los desaparecidos y los ausentes.


Mi amigo Humberto está aquejado de una catarsis que le hace torturar el papel con desafueros sacrílegos. Es un dolor que el isleño cubano revierte en tachaduras empapadas de sudor coloreado. ¿Son deudas a perdonar?








JAMES TURRELL (1943)

  • Atmósferas que aislan y encierran para estar a solas contigo mismo, que te penetran en la vaporosidad e incorporeidad que te envuelve y te rodea a través del azul frío que amortaja. Después viene el descendimiento sin la confesión destruida por el mortal hielo.
    Azul que se aviva o decrece en el interior de una ballena que te da que pensar en tu propia levedad flotante, en ese ser que se disgrega de ti para enfocarte con la irrealidad que muchas veces quieres desear, de la que deseas percibir el acontecimiento inesperado, la aparición extraña que te atraiga y seduzca.

    El norteamericano Turrell es un ilusionista que nos proporciona una caverna platónica en la que las ideas están desterradas y se exaltan las sensaciones y las intromisiones en el yo, un yo que no busca sino que experimenta, palpita y hasta presiente.

    Mi querido Humberto, el poder de tu mano ya no es firme, ya no aguanta los embates de este Malecón que nos tiene hastiados de tanta doctrina vertical. Y los ojos se cierran sin potestad para soñar. La pintura ya tiene el color del sudario con el que culminar estos años de éxtasis vacíos. Aprovéchala.




ÁNGEL FERRANT (1891-1961)

El artista español Ágel Ferrant concebía a la misma velocidad que respiraba, no había forma de pararlo. Todo su trabajo se fundamentaba en el convencimiento de que el recorrido no admitía pausas y de que el método no aceptaba esperas.

Si James McNeill Whistler proclamó que "el límite del arte es infinito", nuestro escultor trataba de hacerlo realidad cada minuto con la creación de obras en las que el secreto de su origen era suyo, no había que buscarlo en otras fuentes. Por eso, las búsquedas eran inacabables e interminables y muchas veces con la insatisfacción de lo extraído, de lo hecho y hasta de lo deshecho.

Fue un precursor que vistió y arropó lo aéreo y volátil con sus propias formas, tejió lo imposible para hacer que mostrara su espíritu, que nos involucrara con las fintas y filigranas de su diálogo etéreo. Nosotros, como espectadores, antes estas sendas e hitos, viajamos, sentimos y pensamos. Que así sea siempre.

Amigo Humberto hoy no vuelan las gaviotas ni nos susurran las mujeres de piel sabrosa. Seguro que es por no haber dibujado tú un alba de sangre púrpura que amamante a tantos descarriados por estos derrumbes de sueños enterrados. Aunque es una deuda que no tendrás que pagar hasta que llegues a la sepultura y convides a ron.

ÁNGELES SANTOS (1911)

Cuando la catalana Ángeles Santos culmina esta excepcional obra era todavía una adolescente. Después fue internada por su familia en un psiquiátrico, ¿no tendría o debería haber sido al revés a la vista de sus consecuencias?

Su retorno a la pintura ya no fue el mismo, en ese largo paréntesis perdió la espontaneidad y la insignia de la visión, la conexión con la quimera.

Ella decía que soñaba mucho, demasiado, y que las fantasías oníricas la tenían a menudo despierta hasta que su materialización lograba el apogeo de la vivencia representada.

Tal es el ejemplo de este lienzo, que abarca la realización de una cosmovisión prodigiosa, con una estructuración y diseño del espacio fruto de una ejecución equilibrada, en la que la organización esférica ocupa y distribuye los distintos elementos en el orden adecuado a la consecución del efecto visual, el cual es acorde a la dimensión global del universo expresado.

Ella ha cumplido con traernos a la tierra la experiencia y la magia de esa visión y nosotros, espectadores, con agradecérselo toda la vida.

Mi amigo Humberto y yo buceamos al alba en los sinsabores plásticos de lo inhallado, por eso deambulamos sin descanso por la Potajera de Zapata, el Bim Bom de Infanta y 23, la Rotonda de Ciudad Deportiva, los baños del Quijote y el costado del cine Yara. Pero ya en la esquina del Malecón se nos acabó la angustia y la piel se arrugó con la escarcha de la muerte, esa energía verdadera que nos señala la silueta grabada en la materia.

RUSSELL CONNOR (1929)

  • Me he encontrado con esta "genial" impostura que tiene un trasfondo transgresor más humorístico que didáctico. El artista norteamericano Russell Connor se decantó por aunar autores, tiempos, estilos, movimientos y tendencias en un mismo espacio.
  • No tiene una intención mimética ni apologética, es una heterodoxia convencida de que en el presente y de cara al futuro la mistificación es admisible si no se oculta, si se plantea abiertamente. ¿Hay correspondencia entre Picasso y Rubens, entre Picasso y Manet? Sí y no, todo dependerá de las coordenadas en que insertemos los valores y creencias, los fines y contextos, lo sincrónico y lo diacrónico.

    • Lo cierto es que constituye una propuesta insólita, abierta a miradas conspicuas, lecturas divertidas, visiones sutiles o afirmativas, o sencillamente a críticas despectivas.
    • El arte si no es pura sorpresa dejaría de serlo puesto que necesitaríamos esa fascinación y asombro para indagar en la aventura de ser nosotros mismos.
    • Dos huidos corren por el Malecón y saltan al agua. Mi amigo Humberto y yo les decimos adiós y nos quedamos en la memoria con el dibujo imposible de una reaparición.






REINALDO MARTÍNEZ CAMPILLO (1968)

Lo isleño por su dimensión limitada es como un jeroglífico plástico que debe ser desentrañado sin que el conjunto de los símbolos vayan más allá de la propia percepción del espectador para que éste perfile, ordene, vislumbre y sondee. El joven artista cubano Campillo ha adquirido el talento pictórico para plasmar lo que en términos del ahora es un planimetría del paisaje y el terreno urbano en el que acontece una filosofía de la existencia entre luz y oscuridad. Los planos cromáticos a media luz delimitan contornos de sucesos y emociones sobre el vivir y su propia sombra, ésa que no aparece abandonar y renunciar nunca.
Y por el contrario esa depuración de la ciudad adquiere el virtuosismo que se engrana en parajes que con su distinta tonalidad se identifican dentro de una geografía que no permite que queden opacadas, que hagan de la pictoricidad su forma de ser y su circunstancia. Ésa ha sido la voluntad insoslayable del autor.
No cabe duda de que es una obra de tiempos y espacios que se sienten y se habitan, que aglutinan sensaciones y evocan ecos de nuestro presente, con experiencias que aprendemos a entender con otra mirada, y que además la luz es una pátina real entre tanta densidad de crepúsculos metafóricos que reclaman el acervo del ver de antaño. Tiene la capacidad para encontrar el modo de llegar a contemplar lo cercano con tantos ojos como podamos abrir.

Hoy, la oscuridad espanta, las olas son espectros armados con hoces, la luna se ha ido a enamorarse a Marte y el Malecón es una línea divisoria entre el dolor y la angustia. Ni gozando con la Sinfónica Nacional nos sacan de esta zozobra y pesadumbre.



DAVID SALLE (1952)

Es un dinamismo de animación que no deja margen ni espacio para que la mirada tome una pausa. El artista norteamericano Salle concibe la pintura como un torbellino en perpetua ebullición de imágenes que se interrogan y complementan entre sí. Y con ello se propone llegar a un estadio en que toda la recopilación y sinopsis son posibles sin que la profusión iconográfica se desvíe de su meta tangible. Es la ambición de llegar a lo absoluto pero conservando la ironía por si tal logro es imposible.
La arriesgada carga cromática ha absorbido la precisión de peripecias y hazañas precedentes, ha dimensionado en destellos y resplandores unos episodios, y en otros ha dejado que su fecundidad se haya movido con el ritmo que necesitaba.

Obra exuberante y rica en sucesos que nos transporta sobre una marea plagada de imaginarios, de iluminaciones, de retablos en que se aposentan encarnaciones revestidas de falsa solemnidad, de una plasticidad que no para de morderse la cola.
  • Te estás fumando la vida, amigo Humberto, le digo. Es que en este Malecón, me responde, los sudores maquillan la razón y los ojos lloviznan. Mejor callarse, le comento, hay ventanas con orejas y orejas con ventanas.


GEORGE WESLEY BELLOWS (1882-1925)

  • Este artista norteamericano, George Wesley Bellows, es el paradigma de la fuerza visual. Ímpetu, dinamismo, movimiento, sentido panorámico, potencia, definición, furia, fuerza, etc., un realismo que abarca todos los aspectos y requerimientos de una poderosa capacidad plástica.
    • Sus obras tienen elocuencia, profundidad y sentido pictórico agudo para captar los fenómenos que en nuestra existencia y medio condicionan y vertebran el acontecer de una época, fijando la mirada en el fulgor del impacto o en la oscuridad de lo aciago.
    • Son imágenes que pulsan claves internas y que obtienen reconocimiento e identificación al contemplarlas, al seguir su curso desde la distancia y descubrir lo cercanas que están.
    • Activista desde fuera y desde dentro, nos hace participar en la densidad de una figuración que remueve la percepción que experimentamos y sentimos, dejándonos sumidos en la contradicción de ser y estar.
    • Mi amigo Humberto me cuenta que la acupuntura del adiós le está comiendo las venas y que oye al amanecer el concierto de un perro muerto. Te pasa lo mismo que a los hombres de estar y ser, le digo, en una tierra donde los gatos ladran y al que te acusa ya no le hace falta delatarte.



EDWARD BURRA (1905-1976)

  • Yo mismo desconozco la razón de que haya asociado al excéntrico e inconformista artista inglés Burra con los asociacionistas también ingleses. Puede ser que lo de ser inglés une más que cualquier otra característica o rasgo nacional. Éstos últimos consideraban que la vivencia de lo bello y lo sublime en el arte se produce cuando algún acontecer despierta la imaginación del espectador, provocándose así una cadena de asociaciones. Multitud de imágenes e ideas brotan entonces en la conciencia, y su fuerza y variedad dependen de la intensidad de la sensación estética.

    En la obra de este pintor hay una excitación de la fantasía y una confabulación del estilo para gozar de la felicidad de estar en disconformidad consigo mismo, de ahí la ironía de aventurarse en imaginarios que se asocian para defenderse y reírse de sí mismos.


    • Hay una energía que traspasa y unas fuerzas que de tan evidentes se descargan en una mirada que las desea y las repele al mismo tiempo. Y se soterrarán cuando, como espectador, hayas decidido que tú también estás colgado de esa cota fondeada en la fuente de lo prohibido y lo sublime.

    • Mi amigo Humberto y yo atisbamos desde nuestra esquina del Malecón a unas criaturas que andaban con la cabeza para abajo, los pies para arriba y con las orejas ya encallecidas de tanto peso que soportar. Ya no nos sorprendimos, la desolación creaba tales mutaciones y otras mucho peores. Lo único que se salvaba era el ron, seguía siendo el mismo, bueno o malo, pero el mismo.



UGO RONDINONE (1963)

  • Para el artista suizo Ugo Rondinone, el blanco no es la luz sino la autoconciencia de una naturaleza que amenazada se integra en nuestro tejido.

  • De ahí que en estas instalaciones, él, con su febril imaginación, dota de nuevos contenidos a la obra de arte, la cual, investida de una mística romántica, afirma la unidad de la idea y del cosmos, de lo real y de lo ideal. Y si hay un símbolo de libertad eterna, duda sempiterna, sólo tendrá lugar si la renovación de la naturaleza, a la que el hombre está ligado desde rutas y caminos oscuros que van hacia dentro, se hace constante.
  • Por tanto, no es la forma cerrada la que caracteriza la obra de arte sino lo abierto y ambiguo, lo cual en Ugo se traduce en la posibilidad de que esos ámbitos desplieguen todo su potencial alegórico y certifiquen su condición de arquitectura y paisaje entre lo finito y lo infinito.

    Durante la noche mi amigo Humberto y yo nos quedamos absortos mirando a un albéitar titulado que subía del infierno de sangrar aunque no era año bisiesto. Utilizaba cuchilla albaceteña y también era experto en capar moradores maleconeros con glándulas imprevisibles y licenciosas a fuer de discrepantes.




JOAN RIERA FERRARI (1953)

La pintura requiere del acto hinduista del que va al templo, no a orar o a adorar, sino para dar´san, para ver la imagen divina. Nosotros tomamos el dar´san que el espíritu sagrado nos da. El acto de ver se convierte en una forma de tocar.



Los paisajes del artista mallorquín Riera Ferrari son para tocar y su contacto con esas rocas, arrecifes, moles de piedras, nos confiere la facultad de percibir la piel de lo creado, su naturaleza, su origen incierto.



Él mantiene el enigma de lo que le capacita para fundirse con la materia y hacerse uno con ella, mas lo que importa es que de esa fusión se desprenda una obra que incorpora lo que siempre queremos descifrar de una realidad que es la metamorfosis de nuestra visión.


Mi amigo Humberto se cansa de mirar lo que la imaginación le niega. Arrinconados en nuestra esquina del Malecón, le insisto en que la verdad es algo que siempre se debe buscar pero que nunca se llegará a poseer. Y así, entre arrepentimiento y pecado, salimos al paseo con la cabeza en la mano para que nos pusiesen la limosna en la boca.

ANTONIO QUIRÓS (1912-1984)

  • El artista cántabro Antonio Quirós se ponía a prueba y nos ponía a nosotros también, espectadores, cuando su pintura iba desvelando perímetros fríos o helados, habitados por seres mecánicos o infrahumanos cuya naturaleza era el espejo de la nuestra.
    La conciencia del pintor es un eco por el que desfila lo oscuro y un oráculo tenebroso de los que se libera por medio del empleo de trazos en capas esmaltadas largas y monocromas que dan consistencia a lo encerrado carente de fábula, pues no la hay cuando los señalados son signos.

    Y ni siquiera de ese cementerio ficticio, plástico, podemos escapar porque está en nosotros mismos y es el camino visual que él nos ha esbozado para evitar extraviarnos.


    Una obra que nunca debe dejar de evocarse bajo los silencios que deparan soledades y abandonos, que son tantas y tantos que no caben ni en la misma tumba.

    Amigo Humberto, le digo, se pinta para delinear el fin aunque se comience por el desamparo, la nostalgia y el destierro. El Malecón lo sabe muy bien, por eso espera la oportunidad de que esa culminación sea a su mayor gloria. Y nosotros, desde esta atalaya de pieles mulatas, iremos dejando de ser poco a poco, confiando en que el ron sea nuestro único mediador.





FIN DE LA PINTURA

  • Afirma Danto que la pintura ya ha dado todo lo que tenía que dar y se ha agotado.

    Pudiera ser verdad si partimos de la base de que con Robert Ryman nos hemos quedado en blanco, con Ad Reinhardt a oscuras y con Daniel Buren a rayas. El relato modernista no ha podido estirarse más.
    • Ahora toca una pintura plural, abierta, flexible, sin estereotipos ni exclusiones fundamentadas en un código legitimador ni un manual de estilos bendecido en catequesis.


    • Ya no habrá vanguardias históricas ni cánones académicos, será un fin de lo que ya ha sido institucionalizado y glorificado y se iniciará otro ciclo cuyo discurso se cimentará en su propia falta de discurso. ¿Con eso se evitará o no la formación de otro desarrollo histórico-artístico?

    • El espectador, filosofías y teorías aparte, necesita a la pintura como espectáculo visual, aproximación y lectura de la realidad que le rodea y comprensión y entendimiento de sí mismo. Eso creo por lo menos. Y será así hasta que se demuestre lo contrario, que podría ser mañana o ahora mismo inclusive. Es evidente que nadie tiene más derecho a la contradicción que uno mismo.


    • Ya acodados en el Malecón en plena noche, aunque el apagón general le ha brindado la luz que normalmente le falta, mi amigo Humberto me dice que él no puede dejar de pintar porque se le escaparía la vida. No te creo, le contesté, todavía puedes apurar el resto de tu vida construyendo balsas, apilando y enterrando cadáveres o haciendo marcos conteniendo fuentes de ron. No se amilanó y me echó en cara que yo era como un difunto vespertino que había salido de la penumbra para cobrar aranceles.





PATRIK HERON (1920-1999)

En el artista británico Heron el color es una sensación que busca en la superficie plana una biografía que escribir. Y deja que en su interior distintas formas sean genes en continuo proceso de servir a lo que constituye el fin general.
Matisse hizo al color personaje principal aunque ya los venecianos le habían dado un trato protagonista, después llegó la abstracción para glorificarlo y exprimirlo. Heron lo sitúa en el plano de reconocerse, verse a sí mismo sin narcisismo, expresarse en sus opciones y seleccionar las que se necesitan para entregarse a un destino en el que la plasticidad es la naturaleza con la que construirse y vivir.

Nosotros, como espectadores, visualizamos trayectos ópticos, emociones de contenido cromático, reacciones acordes con la tonalidad y la dicción, sin olvidarnos que hay un pensamiento cuya inflexión es volver siempre a él, a ese color que tiene y es la razón de sí mismo.


ANTOINE PEVSNER (1886-1962)

  • Si a lo largo del siglo XVIII, las bellas artes se separaron definitivamente de las ciencias y de las artes mecánicas, el artista ruso Pevsner, junto con otros, vino a recuperar, en el siglo XX, el potencial plástico de una fusión que pronosticaba un diálogo que nunca debió haberse interrumpido.
    • Cristal, hierro, metacrilato, transformados y depurados por la ingeniería, son materiales que conforman la gestación de un espacio con estructuras que parecen moverse, girar, establecer campos ondulatorios que desafían la física tras imprimirle otra dimensión.

      Lo mecánico es producto de la experimentación empírica, lo escultórico el resultado de someter y trascender ese presupuesto científico, de construir sobre él la magia de una realidad que desde esa base inicia su retroalimentación.


      • La modernidad descubre que no hay que establecer límites a los soportes artísticos y que se pueden ligar en paralelo a las revoluciones tecnológicas, en aras a la consecución de un arte más ramificado, poderoso, y lo que es más importante, con mayor capacidad de recreación, de pensamiento y de alternativas visuales.

      • Mi amigo Humberto, en nuestra esquina del Malecón, me comenta que en esta tierra tan viciosa de ánimas redimiéndose de penas, hay pobreza de imágenes, escasez de percepciones, hasta el azar es causa y efecto. El Malecón, en perpetua vigilancia, pasa y asiente, pues para él lo valioso es escuchar a los difuntos vespertinos.




KEIKO SATO (1957) / VERSIÓN DE UNA TIERRA QUE YA NO ES LA MÍA

Dice Gerard Vilar que el significado de las obras de arte cambia en el curso de la historia porque los tres mundos (objetivo, social y subje...