Cuando se vive en un ambiente artístico, las maneras de operar se entrecruzan, establecen diálogos, se estimulan a materializar una modulación de vivencias autónomas propias y al mismo tiempo ligadas a ese contexto.

La británica BLOW vivió en ese ambiente y en él se retroalimentó hasta adquirir la convicción de que su creatividad tomaba forma por medio de una constante experimentación.
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Y lo consiguió impulsando una abstracción que era el reflejo de un mundo en descomposición, en trazos y fragmentos que trataban de sobrevivir y reservarse el secreto del proceso conducente a su reconstrucción.

El arte debe ser racional y sensible a un tiempo. Algo más que pura emoción óptica.
El inglés KIFF llegó a su concepción pictórica desde muchos atisbos plásticos conocidos, y con independencia de tendencias y movimientos actuales que se miraban unos a otros de reojo.

Quizás por eso su obra refleja su visión de un ser que en su esquematismo figurativo y cromatismo espeso, apabulla por su intensidad, por su penetración en la carcoma de un espacio que al final le pertenece como la desdicha de una sombra viviente.

La realidad que refleja nunca llega a ser irrealidad porque reconocemos siluetas y fulgores que, al mismo tiempo, sentimos como fantasmas que acuden a un festín del que no esperan más que la presencia de un espíritu que no les abandone.

Ya quedo atrás aquello de que la belleza estética era la que se percibía a través de los sentidos. Y que la belleza artística requería a su vez percepción e inteligencia crítica.
Una pintura en expansión, en movimiento, vertiginosa, arrastrando trozos y fragmentos para fusionarlos con ella, con una materia casi líquida que no oculta su propósito final resaltando lo visual.
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El americano CASSELMAN, en sus obras, muestra una abstracción con vocación de estilo, de singularidad, de marcar un signo de nuestro tiempo óptico.
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Una técnica que va del planchado a la estratificación, de lo plano a lo agrietado, de lo sintáctico a lo irregular, de lo puramente plástico a lo estructurado y fortificado cromáticamente.
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Decía Hegel que el llamado buen gusto siente pavor ante todos los efectos más profundos del arte y permanece mudo cuando lo externo y lo circunstamcial desaparecen.
El cubano VALDIVIA, en estas últimas series, ha apagado la luz de sus collages porque la espera le ha incitado a una mayor austeridad en su carga simbólica.

La verticalidad, a su vez, que se derrama envuelve toda la figuración en una fusión de realidades que en su mente han tomado forma en la recreación de distintos espacios y confines.

Con lo cual la desesperación queda enganchada en una plástica que busca el tiempo entre luces y sombras, y que traduce sus sensaciones en sentimientos e ideas, en confesiones proyectadas sobre un espectador insertado en esa espera él también.

En la cultura contemporánea, escribe el crítico Hal Foster, la verdad reside para muchos en el tema traumático o abyecto, en el cuerpo enfermo o lesionado.

El americano SOTO registra un surtido de imágenes que hacen imposible establecer parámetros para un imaginario que está en constante crecimiento.

No tiene ningún reparo en ocultar sus orígenes grafiteros, al contrario, sobre el carácter de su ideosincrasia, fabula plásticamente sobre un universo en que el espacio es la sede de un cromatismo que encuadra una brillante sintonía visual.

Tiene además su trabajo otros elementos a considerar sobre la base de su dibujo y concepción arquitectónica, pero la fantasía y la imaginación son las que suscriben la talentosa condición de su producción.

El escándalo que produjeron las palabras del compositor Stockhausen respecto a que el ataque terrorista del 11 se septiembre de 2001 había la mayor obra de arte de todos los tiempos, fue morrocotudo.
El danés SIMONSEN nos abre otra dimensión de percibir la naturaleza, hasta el punto de metamorfosearla en una nueva que reivindica la lujuria del color. 
La visión, podríamos aventurar, que nos ofrece en sus obras es la buscar una utopía en lugares y paisajes concretos o indeterminados que se nos pasan desapercibidos en nuestro entorno óptico por no contar con ese encantamiento del saber contemplar más allá de lo previsto.

Dios es la soledad de los hombres (Sartre).
A la obra del suizo BRODWOLF le encajaría la declaración de Danto respecto a que una definición filosófica del arte se debe formular en los términos más generales posibles, para que todo aquello que alguna vez haya sido o pueda llegar a ser una obra de arte entre dentro de sus límites.

Independientemente de la citada flexibilidad conceptual, lo cierto es que el hallazgo técnico y visual de este artista es el que le ha ofrecido la oportunidad de concebir un discurso que trata de la angustia de la materia excluida dentro del ser humano.

De estas articulaciones y combinaciones matéricas emergen unas piezas entre lo patético y lo enterrado, lo desechado y lo definitivo como página final.

Algunos autores dividen la configuración de imágenes en una cultura de masas y en paralelo otra minoritaria.