Decía Walter Benjamin que la crítica busca el contenido de verdad de la obra de arte y el comentario su contenido material.

Es decir, la crítica incluye un elemento teórico a través del cual la obra se relaciona con el concepto filosófico de verdad, mediante la noción romántica de arte; mientras que el comentario implica sólo la reconstrucción de su contenido empírico. Sin embargo, las dos actividades están íntimamente relacionadas.
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Disquisiciones escolásticas al margen, la obra del francés CHANTOB pone de manifiesto ese realismo que se daba por extinguido y clausurado, que no servía como testimonio plástico y visual de la era contemporánea. Pero sigue y persiste en pegar voces y protestas.

Ojalá pudieses saber tú
lo que significa ser yo.
(Nina Simone)
Se ha afirmado que la abstracción es el realismo de nuestro tiempo, la expresión de nuestras neurosis y angustias, porque esa es nuestra auténtica realidad.

En cambio la alemana VOORMANN se empeña en lo contrario, en un quehacer en el que los medios y resursos se expanden líricamente entre la geometría y el azar.

Sus obras constituyen una inmersión a través de un significante poderoso y enérgico en un pathos de luz y búsquedas y encuentros sinuosos, en un mar cuyas confidencias saca barrocamente a la superficie.

Una sociedad decente es aquella en la que las personas no son humilladas.
(Avishai Margalit)
Las exploraciones del americano McNeil consistían en remover todo el espectro visual hasta que su sólida y empastada consistencia marcase con fuego existencial la experiencia perceptiva directa.
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No incurría, a la hora de desarrollar su trabajo, en florituras y relamidos superficiales, sino en una constelación que saliese a la luz en su realidad desde el fondo subyacente.

Toda obra, en tanto que pensada para muchos, ya es desde el punto de vista de la idea, su propia reproducción.
(Adorno)
La ugandesa BABIRYE toma todo su acervo cultural y su creatividad para escenificar una obra que retrata la marginación que ha sufrido individualmente y también colectivamente.

Pero su capacidad imaginativa desborda esos limites para ir más allá, para configurar, a través de sus iconos, las creencias milenarias y la historia en que tuvieron lugar.

Brutalidad y deshumanización quedan perfectamente grabados e impresos en esos rostros y figuras que ella ha creado con el fin de conservar material y espiritualmente hasta el fin su fuerza, su energía, su magia y su destino.

Esto no deberíamos darnos motivo para el fatalismo.
Prefieren que nos perdamos antes que amenazarnos.
La alemana SCHMITTEN sabe muy bien que la función estética es portadora de todos los significados posibles y esto precisamente es debido al carácter polisémico característico de la obra de arte.

Por eso, la sensualidad y veladuras que presenta en cada una de sus obras penetra en evocaciones y voluctuosas referencias a un sentir íntimo.

Las a modo de pátinas cromáticas, cuidadosamente perfiladas y armoniosas, sugieren deseos e incertidumbres, liviandades e ingravideces que muestran una pasión tan leve y sutil.
Los lectores pueden escoger por sí mismos.