El francés LEROY va construyendo su pensamiento plástico a medida que su práctica se muestra más insondable, más empeñada en ahondar la efervescencia de la superficie.

Sus obras son sólidas, densas, fuertemente impregnadas, rocosas, con un cromatismo en capas que penetra dejando que la materia se identifique como un espíritu insumiso de abnegación y fuerza.

Es una pintura que no sabe abstenerse de descontruirse para a continuación construirse de nuevo en el mismo acto, en la misma dinámica que se prolonga imparable en el tiempo.

Proust comentaba que en las reuniones de sociedad había libidinosos que buscaban su ocasión, ambiciosos que buscaban su oportunidad y los que no son libidinosos ni ambiciosos, son unos imbéciles.
Las manchas de estos cuerpos pintados por el cubano OLIVA chocan con unos modos de ver acostumbrados a la percepción de verdades simuladas.

En sus obras no hay simulación en los rasgos de una humanidad posnuclear que ya no sabe quién es ni dónde se encuentra, ni siquiera si está viva.

Es un principio que no tiene fin o es el fin que ha dejado de tener principio, porque esos rostros son los nuestros aunque se hayan convertidos en seres deformes y anónimos.

Para que existe creación los artistas han de utilizar esencialmente procedimientos y medios.
El proceso de construcción de una obra de arte se desgrana lentamente y lentamente se clarifica, de modo que, cojuntamente, se intuye y se plasma.

Las obras del albaceteño MARTÍNEZ TENDERO se emplazan en una superficie a la cual se adapta la materia, se texturiza, se densifica y descubre su dimensión en toda su plenitud.

Es una reflexión sobre la condensación geológica que encarna una visión de la tierra como madre de signos vitales y destinos, como sedimento de vivencias infinitas.

El interés particular del estudio de las obras de arte radica en permitirnos captar en vivo, en diferentes momentos, objetivamente, por así decirlo, una de esas mutaciones que construyen grandes periodos de la historia (Francastel).
Al enfrentarnos a la obra de SHIOTA, podemos inferir que en la misma hay un significado espiritual que se ensimisma en la materia y en el color intenso.

Cada espectador sentado seguramente se vio abrumado por esa cascada de hilos de sangre que se abatía sobre él desde un lugar etéreo y que le obligó a levantarse para no ser afectado por una significación tan ambigua.

Son instalaciones que derraman sus efectos con la incredulidad de que su visión no establece ningún código, pero sí un modo de ver similar al sentir el lugar y el tiempo.

El rostro del ser humano como máscara de sí mismo, manipulada, propiciatoria, cómplice o víctima.
En ciertos momentos y circunstancias se podría decir a título de inventario que cada obra de arte enuncia su propia definición de lo que es una obra de arte.
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El americano GREEN exploraba, dentro de la fenomenología abstracta, variaciones, posibilidades, hallazgos y concreciones que diesen a sus obras un impacto plástico que significase su huella creativa. .png)
Geometría, cromatismo, formas, completan distintas opciones del artista a la hora de concebir su pintura y proporcionarle su propia identidad y revelación.
Promaclaba Croce que, sin duda, una intuición artística es un fulgor súbito, una iluminación, pero desde ese fulgor a la obra acabada, ¡qué largo camino, cuántas dificultades, cuántos esfuerzos y cuánta esclavitud por amor!

Las obras del americano ALEXANDER, miembro del movimiento Luz y Espacio, se revelan como un sueño mágico que invade la mirada, que le descubre un cosmos que se debate entre la luz y el color.

Son resplandores de una nubosidad entre cielo y tierra, que alumbran y deslumbran, que invocan el encanto de una creación plástica embebida en su propio sortilegio.

Lo real es susceptible de ser descompuesto y luego recompuesto.
El expresionismo abstracto todavía goza de una continuidad al estar dentro de una segunda fase de la modernidad (Gerard Vilar), con sus discontinuidades, regresos y abandonos.

El americano GOLDBERG es un miembro de esta saga que tiene una concepción de la pintura como desahogo y confesión de una lucha interna que se proyecta sin descanso.

Podemos entender así que una vez que el artista ha dado lugar al proceso formativo (color, gesto y soporte) de la obra, exige que el dinamismo interior de la misma se adueñe de su proyecto creativo.

Algún autor ha afirmado que podemos aprender a ver el expresionismo bajo la piel del Renacimiento.