La ugandesa BABIRYE toma todo su acervo cultural y su creatividad para escenificar una obra que retrata la marginación que ha sufrido individualmente y también colectivamente.

Pero su capacidad imaginativa desborda esos limites para ir más allá, para configurar, a través de sus iconos, las creencias milenarias y la historia en que tuvieron lugar.

Brutalidad y deshumanización quedan perfectamente grabados e impresos en esos rostros y figuras que ella ha creado con el fin de conservar material y espiritualmente hasta el fin su fuerza, su energía, su magia y su destino.

Esto no deberíamos darnos motivo para el fatalismo.
Prefieren que nos perdamos antes que amenazarnos.
La alemana SCHMITTEN sabe muy bien que la función estética es portadora de todos los significados posibles y esto precisamente es debido al carácter polisémico característico de la obra de arte.

Por eso, la sensualidad y veladuras que presenta en cada una de sus obras penetra en evocaciones y voluctuosas referencias a un sentir íntimo.

Las a modo de pátinas cromáticas, cuidadosamente perfiladas y armoniosas, sugieren deseos e incertidumbres, liviandades e ingravideces que muestran una pasión tan leve y sutil.
Los lectores pueden escoger por sí mismos.
La clave consiste en preguntarnos acertadamente a qué apunta una obra, que trata de decir, qué muestra, o sea, qué significa, a qué se refiere.

Respecto al trabajo de la madrileña JIMENO sabemos, al desnudar su plástica, que su medio de expresión es una vibración que se propaga cromáticamente, que sus distintas capas o disfraces líquidos revelan un significado más en su vivencia pictórica.

Sus formas de pensamiento aparecen borrosas porque son manchas cuya imprecisión inspiran composiciones y narraciones propias, nuevas visiones y un sentimiento estético aferrado al impulso poético.

Gobierna sus colores acuosos, líquidos, para encauzar su corriente, para transformar su significación dentro de un lecho que siempre está renovándose.
El alemán HEILIGER hace suyo todo el espacio para construir desde dentro, desde un punto central que va hacia afuera sinn dar la impresión de detenerse.

Lo que parece una pieza sólida se mueve ligera danzando en el lugar que ha decidido tomar como sede de su dimensión de tiempo y hábitat, lanzando a los paseante sus dardos protectores y reveladores.

Las texturas y heridas de la materia que sostienen esos volúmenes son agravios visibles de su resistencia y de su condición plástica, que es la visión de un legado de la creatividad humana.
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Aquel que humilla a otros se está humillando a sí mismo.
(James Baldwin)