GONZALO DUPORT / A CIEGAS


Gonzalo Duport, artista argentino, tiene la misma convicción de Sartre, en lo referente a que "hay un momento en que las evidencias se embotan, las luces se apagan, cae la noche; la gente se percata que anda a ciegas y, por lo tanto, se necesita una luz nueva, un enfoque nuevo: es entonces cuando un objeto aparece como problema".


Pero él no deja que sus criaturas sigan ciegas, no vean ni se fijen en nada, no sean objeto, porque es nuestra mirada la que esperan para reencarnarse a sí mismas. Deja que se apropien de los colores de la soledad y de la incomunicación en un espacio en el que el rojo cierra una cárcel que no tiene salida.


Es una pintura en que la economía de rasgos acentúa lo desventurado y confronta al observador con su propia desdicha de personaje de indeterminado destino.


Encuentro a mi amigo Humberto buscando cangrejos en las rocas del malecón. Le pregunté por la razón de este rastreo inútil y él me respondió que estos cárabos tenían en sus ojos el misterio de una perla con la que poder salir de esta tormentosa penumbra. Si eso fuera así, le dije, los que se los han comido serían bombillas andantes y no veía ninguna a lo largo del muro.

LOUISE BOURGEOIS / VÍSCERA


Esta artista, Louise Bourgeois, extrae de ámbitos desconocidos e íntimos la belleza inusual de lo mórbido, la víscera carcomida, el relieve de un mal que goza de su propio narcisismo.


En esta obra no hay misterios que descubrir sino emociones que librar, encuentro con lo que no ansiamos tocar pero sí continuar observando lo que tiene de inquietante y morboso en su forma, la caligrafía de ese tumor que nos repugna y nos provoca.


Puede ser la morfología de una descomposición o un intramundo de ríos de lava cancerosa que surge de las fuentes de nuestro cuerpo. Y quizás sea mucho más pero su consistencia y valor plásticos se anteponen a su significado, borracho de tantas tramas que urdir.


Mi amigo Humberto ha reunido en su taller a sus colegas Orestes y Orlando para hacer conjuntamente una instalación que ensamble el silencio de la penumbra con el estallido de las olas en los arrecifes habaneros. Sin embargo, después de muchas horas de tarea, únicamente ha brotado un mudo en una bañera vacía. Han decidido que no lo volverán a intentar. Buena idea.

CHRISTIAN BOLTANSKI / RETABLO


La muerte se muestra cada día más impaciente por cobrar la pieza. Es como si su cotización se desmoronase debido a una demora que para el futuro damnificado no es otra opción que una agonía de infame impostura.




Por eso, esta obra de Christian Boltanski proyecta, a modo de un retablo o iconostasio, la memoria de unos seres, que no son santos ni beatos ni apóstoles, sino simplemente víctimas del destino que ellos mismos construyeron o por el que fueron fatalmente inmolados.




Es un obituario visual que despierta en nosotros ecos de fugacidad, de entelequias olvidadas y omitidas, de recuentos en la memoria fallidos o de afectos ahora descubiertos.




Un canto fúnebre que se convierte en objeto plástico que hace de lo sagrado un arte pagano, aunque sólo queremos verlo como un procedimiento efímero, no sea que se incruste en un pensamiento que ya no desea cavilar.


A mi amigo Humberto sigue latiéndole el corazón a pesar de que lo acorralan los ocho mil demonios de la manigua. Bajamos al malecón para que los espante, pero hace todo lo contrario, se amiga con ellos, los acoge con grandes alardes de fraternidad e incluso les reparte el botín de almas. Nosotros nos escondemos en una esquina en penumbra y nos santiguamos con ron para calmar el terror de nuestros espíritus.




JOSÉ GUERRERO / ANDALUCÏA


José Guerrero, artista granadino que estuvo adscrito al expresionismo abstracto americano, pinta su tierra natal con la verdad interior que está yacente en la misma.


Las manchas y trazos cromáticos dejan mirar la fisonomía de sus quebradas, meandros y cauces, topografías abiertas, entre luz y sombra, de sus almas cansadas.


El artista no reinventa una Andalucía que no existe, aquélla que se quedó traspapelada en su bagaje artístico y humano, sino la que se revitaliza en su propio ser atrapada en el tiempo.


Y tan es así, que -tal como decía Platón, "todo lo que es grande resiste la tempestad"- su obra soporta no sólo este temporal de aprehender esta frontera de lo aparentemente inaprensible, sino que se remonta a su génesis para plasmar magistralmente aquello que desde niño han nutrido sus ojos.


Hoy el malecón tiene una cara vuelta a la infamia. Como mi amigo Humberto y yo no queremos correr riesgos innecesarios, nos dirigimos por la otra, que nos ofrece por lo menos la opción de ir por la penumbra.

JOSEPH CORNELL / ENCERRADOS


El artista estadounidense Joseph Cornell ha logrado la realización de una obra donde nos invita a contemplar lo ya contemplado pero no mirado.


Reune objetos y los introduce en urnas abiertas con cristales y a veces espejos. Son protagonistas heterogéneos que se han colocado juntos para esperar. Cuando cambie el signo de los tiempos quizás hasta se comuniquen y hablen.


Ellos son una realidad que nos convoca para que reconozcamos nuestra culpa al no haber advertido la conexión estética que la prestidigitación azarosa de su encuentro manifiesta.


Encerrados gozan -y sufren- de una sintonía sutil que trasmiten al espectador que ahora se da cuenta de que son las claves visuales de los secretos que guarda en sí mismo.


Hoy despertamos sin la sed que este mar engendra en su seno. El sol acierta al bañar el malecón con restos de pintura falsificada. Mi amigo Humberto y yo nos acercamos hasta él y le pedimos que nos proporcionase denuedo y ánimo en el acto de su purificación. Pero nos cubrió de un mutismo sereno y húmedo pues no deseaba imágenes de sí mismo que no fuesen tan inmortales como él.

ORESTES CASTRO DIÁLOGOS EN EL CEMENTERIO




Mi amigo Humberto me habló de un colega suyo, Orestes Castro, otro artista cubano que tiene extrañas melancolías de ultratumba. Y no es el único.




Por eso su pintura goza con la vida de los espectros y les convoca ante un denso telón de sangre para que sus diálogos sean más sonoros y se renueven con el eco.




Pero no hay horror ni maldiciones sino ironía, seducción y ternura, y amor también. Igual que en un fresco medieval, él rinde culto a los que una vez enterrados han sido olvidados. Y al mismo tiempo rescata y reivindica a estos marginados óseos para que sepamos que nos están esperando.




La escenificación plástica es vibrante, fuertemente expresiva y atractiva, que nos concilia con el vértigo de lo que todo artista quiere expresar: el absoluto de la extinción.




Mi amigo Humberto, salvado del agua, rebaña la sal que necesita para poder empezar de nuevo. No le va a ser fácil, las manos ya no quieren obedecerle porque aunque no lo han pintado, ya lo han visto todo.

GIORGIO MORANDI / VER DE NUEVO


El artista italiano Giorgio Morandi se hizo con otra paleta -no se sabe si fue a un cenobio a por ella-, para construir una obra humilde desde o a partir de un orden cuyas reglas son tan austeras como las anacoretas.


La delicada policromía hace irreal la visión, que prefiere centrarse paradójicamente en la realidad pura y poética de una materia que carece de densidad y se agota en sí misma; todo es una clara configuración que a pesar de su aparente fragilidad tiene una vocación de eternidad.


Se fusiona íntimamente la vivencia con la experiencia, el rigor con la virtud mesurada, el orden con la calidad plástica de la emoción contenida.


En definitiva, se trata de un artista que trabaja con la verdad para que la ilusión sea sentida sin más trascendencia que esa misma verdad.


Mi amigo Humberto llegó al malecón a medianoche, se subió al muro y desde él se posó en el agua y no se hundió. Caminó sobre ella y me dijo: "puedo hacerlo porque ya únicamente me quedan sueños, memoria y abandono". Sí, le dije, pero todavía te falta el olvido.

ORLANDO BOFFILL HERNANDEZ / UN ENCUENTRO




Me reencuentro con el joven artista cubano Orlando Boffill Hernández, que me asombra por su capacidad para proyectar plásticamente un mundo de claves que deberían estar en fondos ocultos pero que él hace intencionadamente que salgan a la superficie.




Y así se ve que el color es un personaje que obliga a los otros a interrelacionarse en distintas escalas - ¿dentro y fuera o lejanas y cercanas?- en su patetismo inmóvil, interrogativo, inmolando a brazos y manos a que den su vida una vez que la hayan tomado.




Y también se descubre el sortilegio de una pintura plana, terriblemente singular, que está entroncada con la construcción de una obra que forma en conjunto parte de su medio físico, geográfico y social, al que alumbra y versifica como una melodía que desconoce el plazo que tiene para empezar y nunca acabar.




He ido a ver a mi amigo Humberto, que no sale de su refugio taller porque no quiere ni atisbar la luz, una luz densa que únicamente le habla de desencuentros, de desamores, de pérdidas.




En la oscuridad trajina entre lienzos, telas, óleos, tratando de captar el calor de la angustia, la incandescencia del ansia y el olvido del ron. Y el abandono en que le postró un malecón sin labios para besar.

FRIEDRICH / PREGUNTA


Hay obras como ésta de Caspar David Friedrich que no tienen ni nunca tendrán fecha, que quedarán señaladas siempre en nuestra retina.


Panteísmo pictórico heterodoxo o no -me permito esta licencia-, la proyección plástica de lo telúrico alcanza su dimensión límite, el confín de la magnitud de la naturaleza y la desolación del hombre.


El mínimo cuerpo del capuchino que se enfrenta ante esa inmensidad, en medio de una soledad pavorosa, pregunta, suplica, pero no obtiene ninguna respuesta. Y ésa es la incógnita que sigue siendo la base del futuro estético de nuestro tiempo.


Mi amigo Humberto mantiene airadas conversaciones con el malecón, pues el cúmulo de desdichas que afronta pueden mutilarlo aún más y abandonarlo en el desierto sombrío que el mar antillano reserva para los vencidos. Pero el malecón sólo calla y al final le devuelve al silencio que habla.

PIRANESI / CÁRCELES


Las cárceles de Giovanni Battista Piranesi, el gran grabador italiano, son presentimiento y ocultación de nuestros propios crímenes inconfesos, son nuestros presidios cerebrales y emocionales.


Y lo peor es que nos hemos acostumbrados a habitarlas, a subir y bajar sus inmensas escaleras, a jugar por sus puentes, pasadizos y torreones, a probar sus artefactos de tortura, a regocijarnos con su atmósfera majestuosa y sombría.


En ellas todos somos criminales que nos vemos agraciados con ese encierro eterno, en que esos pétreos muros son los límites de una conciencia que si quiere evadirse, lo que no ocurre nunca, es para escapar de sí misma.


Pero no hay escapatoria posible, el laberinto penitenciario no puede traspasarse, lo mismo que nuestra condición humana no puede acudir a la luz cuando ésta estuvo apagada siempre.


Mi amigo Humberto y yo nos sentimos derrotados por un malecón cuyo vicio es poseer voluntades parcas para someterlas al espejismo de una abundancia que ya dejó su presente mortal pintado en el muro: coronas de fuego para los que presa de la angustia no quisiesen perder tiempo.

FÜSSLI / PESADILLA NOCTURNA


Füsli, precursor del romanticismo, nos legó esta pesadilla nocturna para que nuestra fantasía no estuviese meditando en quimeras utópicas, que en la realidad se hacen ilusiones imposibles.


Este artista suizo, en esta obra, nos devuelve el auténtico ensueño que no nos atrevemos a confesar. La fealdad, el horror despiertan ante el sueño de la belleza. Son sus vástagos, que la utilizarán y derrotarán y entonces fraguaran con ello un mundo de mayor iniquidad pero también de gran libertad.


La blancura de la divinidad contra las tinieblas de la posesión, pasión de vida sin límites, en definitiva, pasión por la creación de un ser ambivalente que postule su propio destino entre la monstruosidad y el esplendor.


Mi amigo Humberto me ha vuelto a dejar, se ha enclaustrado en las mazmorras en las que se remiendan cuerpos y se cortan almas. Con un pincel muy fino, cose desgarrones, heridas, llagas, que envueltas en el lienzo, forman una ciudad afligida y un malecón absorto.

JACOB LAWRENCE / COSMOS


El más popular artista afroestadounidense, Jacob Lawrence, ofrece, en esta obra, con una economía expresiva de contenido cromatismo, la evocación de un cosmos que demuestra con esa derrota la pérdida de su lugar en el tiempo, no así en la rememoración histórica.


La plasticidad de la obra es una narradora más incisiva, elocuente y viva que su relato en palabras esquilmadas por la vacuidad de su repetición.


Y por eso nuestra mirada se ha quedado inmóvil y rechaza el sentimentalismo inútil de la impotencia, para fortalecer su visión con la fragilidad de una pintura que no está rota sino sembrada de vida aunque ésta se haya derrumbado en el camino.


Mi amigo Humberto y yo merodeamos alrededor del malecón en busca de perspectivas que nos permitan abordar su inmortalidad pictórica. Mas no encontramos la posición adecuada ni la atalaya apropiada, siempre hay una bruma de cadáveres y difuntos que enturbian la claridad de un anochecer con llantos y redenciones.

ARCIMBOLDO / EL DUELO


Arcimboldo era un artista lúcido, pesimista, irónico y genial. Y como buen profeta vaticinó a través de su obra que la belleza no tenía don, que era el espíritu tortuoso del hombre el que la devoraba. Nadie lo entendió. Quien iba a creer que la magnificencia era excelsa en su fealdad.


Nuestra metamorfosis es vomitiva, engulle para la muerte, fagocita, destruye, y cuando ya no somos nada nos quedan reflejadas para siempre las imágenes en los cuadros de este artista italiano, tan poco reconocido en su tiempo. Él fue un auténtico creador porque halló lo que otros no pudieron y cuando lo encontró no quisieron mirarlo, sólo lo admiraron los que como él sabían lo que había detrás de esa humanidad tan estúpida y glotona, tan avariciosa y cruel.


El malecón, finalmente, nos ha dejado salir a mi amigo Humberto y a mí después de tantos ruegos y suplicaciones. Nos quedamos pensando ensimismados si no sería una venganza por no haber sabido encontrar el medio de llegar a pintar una vanidad herida por tanto desamor. Es posible que así fuera pero eso ya no tenía remedio. Nunca se amó a sí mismo y ahora era inútil que se quisiese venerar.

ROBERT MOTHERWELL / SIGO SIN RESPUESTAS


La muerte sigue sin cobrar la pieza. Disfruta acechando, vomitando flujos de confusión y de falsa cordura, atenta al momento que ella cree definitivo, con el fin de obtener la máxima vehemencia y la más negra intensidad.


Pero entretanto, uno se acuerda de lo que dijo Durero, aquello de que "tan firmemente está atrincherada la oscuridad en nuestro espíritu que aun a tientas nuestra búsqueda fracasa".


Y a ese respecto hemos de señalar que Robert Motherwell, el artista estadounidense que tan vinculado estuvo a la España derrotada, no encontró ni rastreó sino que hizo que el espacio estuviese marcado por los signos de un territorio masacrado, por caracteres y atributos que no adquiriesen la expresión justa, la que viene a los labios en el momento de mirar. Al contrario, persiguió que la textura tuviese un emblema repetido, que se hiciese proclama, arenga, derramamiento de una razón que hace de lo visualmente intransferible un mensaje transmisible. A mí me llegó y así lo hago constar.


Mi amigo Humberto y yo, paseando a media noche por donde acostumbrábamos, no nos dimos cuenta que el malecón, traicionero, había instalado alambradas y rejas y nos imposibilitaba toda vía de salida. Sus fauces estaban hambrientas de víctimas, nos gritó. Pero nosotros, desesperados, le chillamos que por mucho que las destruyese , las víctimas continuarán siendo seres humanos para toda la eternidad (Vasili Grossman).

MARTA PALAU (1934-2022) / CONGREGACIONES DE FUEGO

La catalana PALAU, recientemente fallecida, ha estado envuelta en los orígenes de una cultura autóctona y ancestral americana que ha marcado...