PÁTINA DE AMANECER


Ante la obra de Marsuka Dopazo, joven artista canaria, se corre el riesgo de incurrir en tópicos y aproximaciones ya manidas que no clarifican y no sirven para diferenciar. Ni tampoco le hace falta. Sus proyectos, ya busquen la síntesis abstracta de una emoción o el dibujo de una representación que transmuta una vivencia, guardan un vínculo directo con la materia que procura la forma y después con ésta última pues es aquélla la que se cierne sobre ésta y no al revés.


El sentido pictórico en ella permanece inmutable, es su señal de identidad, lo que conforma el designio antes de ser ente plástico, lo que es contexto antes de ser texto, después viene el desarrollo y entonces aparece la diversidad plástica.


Y es ahora cuando las ideas se entrecruzan, vivencia y experiencia se aunan, ensayo y propósito son uno mismo, pero es un proceso lento, que acude a un lado y a otro, que hay siempre una insatisfacción y un ansia por alcanzar esa meta en la que la magia de lo que se plasma tiene no sólo vida, no sólo una realidad plena, sino que ha llegado ya a esa visión que cubre el espacio en una dimensión que se trasciende así misma. Todavía no lo ha alcanzado aunque todo apunta a que puede conseguirlo. Y de ser así se producirá cuando definitivamente se desprenda de esa connotación decorativa que aún pervive y colorea el alma de su trabajo, que es como una saliva espesa que nunca acaba de borrarse.


Mi amigo Humberto y yo estábamos acuclillados en el dique hablando del estoicismo cuando un emisario del malecón vino a avisarnos de que nos amenazaba un peligro. Está bien, le dijimos, pero ahora es el momento de nuestro baño y nuestros largos tragos de ron, no vamos a cambiar de costumbres. Volvió de nuevo y nos dijo que estábamos condenados. ¿A qué?, preguntamos, ¿Al destierro o a la muerte? Al destierro, respondió. ¿Y los bienes? No se confiscan. ¡Ah, bueno!, entonces vamos a comer al cementerio una buena langosta y beber una copiosa cerveza.

MANUEL ALCORLO




Manuel Alcorlo, artista madrileño, reivindica una realidad que no requiere una indagación plástica, se basta a sí misma para que la representación, no exenta de maneras barrocas, y hasta goyescas, tome una expresión directa y contundente, abarcando sátira y cuerpos oscuros y grotescos, sarcasmo y cromatismos que le son afines, método para ajustar las fuerzas que trascienden la imagen y versatilidad para tratarlas en una magnitud que rompe itinerarios ya hechos.


Pinta conforme se ve a sí mismo, burlón y sarcástico, dentro de ese escenario o como uno de sus personajes, y ha adquirido el aliento y el ansia de los que visionan el tránsito del pasado hacia el presente. Ya no tiene dudas y sí múltiples ecos sobre los que construir una imaginación en acto de crear presagios a los que la plasticidad le rinde culto. Él ha sabido atraer sobre sí estas señales para hacerlas factibles, para permitir que su soberbia y miseria, ambas ramas de un mismo árbol, desplieguen el encanto de su ejecución pictórica. Y una vez concluida esa empresa ya no sabemos si ha quedado dentro o ha salido fuera.


A mi amigo Humberto y a mí nos aconsejaron los augures que si queríamos volver a pasear por el malecón sin ser amenazados por los viejos arcanos, deberíamos someternos a las mismas prácticas a las que se entregaba Nerón para huir de sus remordimientos. A la hora del sueño profundo, cuando cesasen los ladridos de los perros, habríamos de ir descalzos por la escollera haciendo castañetas con los dedos para ahuyentar a las sombras; lavaríamos tres veces las manos en una fuente y después arrojaríamos una por una detrás de nosotros habas negras que tendríamos que llevar en la boca. Luego sumergiríamos por última vez las manos en el agua, golpearíamos un tímpano de bronce y conjuraríamos al fantasma para que abandonase el malecón.


Tuvimos que hacerlo a pesar de que lo considerábamos excesivamente extravagante y ridículo y que según lo llevábamos a cabo éramos objeto de la mofa y el escarnio de una orden de sacerdotisas mulatas consagradas al asilo de lunáticos y perturbados. Tuvimos que salir por piernas y pies para evitar que nos apresasen y nos recluyesen en un antro de santidad libre de pecado. Seguro que Dios no lo hubiese querido así.




PAISAJES DE FORTUNA


Antonio Guansé, artista español, se ha propuesto desde el inicio de su trayectoria invitar al espectador a que comparta el sentido, orden, magia y razón de un proyecto cargado con el son de un color múltiple que se transmuta en realidades que sólo sirven para ser soñadas.


Y así su obra se va tejiendo en un lenguaje y una trama que no revela sino que induce a traspasarla con los ecos dejados por formas cromáticas reconocibles. No podemos tocarlas pero sí acariciarlas con la mirada y si en silencio nos despertamos dentro de ellas, entonces sabremos que hay misterios que no se desentrañan, que deben seguir ocultos en su policromía constitutiva.


Hoy tampoco bajamos al malecón, instigador durante estas lunas de la celebración de naumaquias para que los muertos maten, en una parodia de combate, a los vivos. Y ya son demasiados los que van cayendo en un teatro propicio a la desolación y el hambre.

ARSHILE GORKY


Hay artista a los que se le atraviesa el destino y a pesar de ello construyen una obra donde dejan la huella inconfundible de su tenacidad y tozudez, de su asidero a la búsqueda de un portento que no ha de salvarles pero sí confortarles gracias a esa vibración de lo que nunca se piensa que pueda perecer.


Gorky, huyendo del genocidio armenio, llegó a los Estados Unidos, reinventó su identidad y joven todavía, cuarenta y cuatro años, se ahorcó, después de incontables y crueles sufrimientos (su estudio se incendió, se fracturó el cuello y tuvo un brazo paralizado temporalmente, contrajo un cáncer y su mujer le abandonó llevándose a sus hijos).


Este pintor, que absorbió magistralmente las tendencias y corrientes europeas de principios del siglo XX, creó su propia plástica reinventándola también, haciendo que fuese un presente diáfano sobre el que cimentar un futuro abierto. Y su consecución se logró a través de dejar fluir en el espacio del soporte seres o criaturas entre la vida y la inmaterialidad, entre lo que se oculta en nuestro mundo y lo que aparece en una realidad percibida en su misma dimensión ficticia, aquella que ampara una naturaleza que se desborda físicamente y pese a ello no es amenazadora sino una consagración de lo que pudo ser.


Mi amigo Humberto y yo no hemos bajado hoy al malecón, él es el que ha subido al taller a sentarse entre nosotros. Quería ron y ver sueños remotos en el lienzo que tenía enfrente y sin terminar. Si llegaba a contemplarlos nos ofrecería un tiempo muy breve para lavar nuestros males y pesadillas. Pero no le creímos y por eso seguimos, cuando se fue, despojándonos de la sed de todos ellos.

PARA ESO HABEIS NACIDO


Goya graba la serie de los "Desastres de la guerra" entre 1810 (él tenía entonces sesenta y cuatro años) y 1820, periodo en el que tiene lugar los siguientes acontecimientos:


Comienzo de la lucha de las guerrillas en España en 1810; aclamación de la República de Venezuela en 1811; promulgación por las Cortes de Cádiz de la Constitución española y derrota francesa en Arapiles en 1812; declaración de la independencia de Méjico e inicio de la difusión del romanticismo en Europa en 1813; abdicación de Napoleón en Fontainebleau, coronación de Fernando VII como rey absoluto y restauración de la Inquisición al tiempo que se echa el cierre a Universidades, teatros y periódicos en 1814; derrota definitiva de Napoleón en Waterloo y constitución de la Santa Alianza en 1815; independencia de Argentina en 1816; independencia de Chile en 1818; formación de la república de Colombia en 1819; y proclamación por Riego de la Constitución de 1812 en 1820.


Nunca una obra como esta serie ha sido el corazón y el alma de una humanidad atormentada y de una realidad histórica condenada a desgarrar el destino del hombre.


Nunca han proliferado tantos fantasmas en el malecón y con tanta hambre como estas noches en que sólo los ciegos ven. Mi amigo Humberto y yo tenemos que ofrecerles nuestro ron y huir, pues sus espirítus en sombra pueden devorar la escueta penumbra en la que nos cobijamos, resto miserable de una destrucción que no cesa.

MUJER


Jackson Pollock alcanzó la cima cuando realizó en 1.944 "Mural", un óleo sobre lienzo de casi dos metros y medio de altura y más de seis de anchura (que acabó en una sola noche y un día), encargo de la coleccionista millonaria Peggy Guggenheim.


Sin embargo, esta otra obra, "Mujer", realizada unos años antes, entronca más con las vivencias de un artista -rebelde, solitario, extraño, alcohólico y depresivo- cuya madre dominante y autoritaria ejercería sobre él un influjo agobiante y nefasto.


Admirador de la estética de los muralistas mejicanos Siqueiros y Orozco, este icono bárbaro, poderoso, opresor, violento y amenazador, es el medio que ha encontrado para expresar esa pesadilla nucleada en la mujer, ya sea amante, prostituta o madre, acompañada de sus propios engendros grotescos.


Una foto de familia en la que la monstruosidad es el engaño de la razón, la destilación de una alucinación que tiene en nuestra mente una revelación que después toma una realidad plástica, como una presencia imposible que se hace visible en esta pintura.


Él supo verlo, además de intuirlo, agrandarlo, formularlo con los tonos y formas adecuados, exorcizarlo con la fuerza de la materia que se rehace, se recrea a sí misma, y con la energía de un sueño que nunca termina.


Mi amigo Humberto, en nuestro paseo camino del malecón, me susurra que él, como Calígula, está enamorado de la luna pero es incapaz de atraerla a su regazo. Hazaña imposible, le digo. Y en ese instante quedamos helados y con la respiración erizada. Vimos como se ejecutaba a un parricida según la antigua ley romana: se le encerró en un saco de cuero con un perro, una serpiente, un loro y un mono, y luego se le arrojó al mar. Tiempos crueles e inexorables, pensamos.

HOMBRES QUEMADOS

  • Hay pintores que no permitieron dejarse atrapar por las tendencias o corrientes plásticas vigentes en los momentos posteriores a la II Guerra Mundial.
  • Por el contrario, son artistas que al filo de una humanidad envuelta y acorralada por actos de barbarie, postulan una obra que escarba en la propia corporeidad, en la materia animada que la conforma, para encontrar en su carne quemada por el artefacto mortal la condición de su deshumanización.

  • Leon Golub, creador estadounidense, cofundador de la escuela de Arte de Chicago, ofrenda, en estos hombres quemados, la negación de lo que nos dignifica, de lo que nos hace espíritus libres, solidarios y tolerantes. Ellos, a través de esa formulación plástica despiadada, son los seres repulsivos que nos repugna ver como víctimas pero que están ahí, a nuestro alrededor, porque también forman parte de nosotros y por lo tanto no podemos rechazarlos.
  • Mi amigo Humberto sigue paralizado, casi en un estado catatónico. El silencio de la destrucción no ha acabado, se ha extendido por todas las esquinas como una nube negra y baja y amenaza con sangrar más vidas. Hasta el malecón ha dejado de guarecer sombras para hacerse invisible.

EL ASCETISMO EN PINTURA


El marco de la plástica contemporánea se ha ampliado y enriquecido con la introducción de nuevos soportes, materiales, objetos, tecnologías y plataformas, cuya versatilidad ha permitido nuevos hallazgos y contenidos.


Pero al pintor español Cristino de Vera no le ha hecho ninguna falta tal aportación porque su pintura reivindica el espíritu sobre la materia, la poesía sobre la prosa.


Un ascetismo luminosos e ingrávido, etéreo, cubre de melancolía y misticismo la superficie de sus lienzos, en los que la ausencia de lo accesorio centra el símbolo plástico dentro de una urna cuyas paredes están tapizadas con cenizas calladas.


En él la pintura se recoge en sí misma, deja que su esencia más pura flote sobre su agonía y pregone una oración de despedida.


El malecón continúa en silencio por los habitantes que se han ido y las ruinas que han caído. Ya han renunciado a escupir más rabia. Mejor aceptarlo así.

VIRTUD, HONOR Y TEMOR


Montesquieu, en el Espíritu de las leyes, nos remite a tres elementos fundamentales: el honor en las monarquías, la virtud en las repúblicas y el temor en las tiranías. Si, en una traslación heterodoxa, llevamos analógicamente estos tres ingredientes al campo pictórico, tendríamos que la virtud se reservaría para la pintura que deja huella de sí misma como lo que es, el honor para la que que teniendo clara la consumación no llega a alcanzarla y el temor para la que sólo busca el remedo, la simulación o el encubrimiento.


La pintura se asemeja a la acción política en sus mecanismos, el primero referido al fin que se persigue, el segundo a la meta a la que se orienta de forma imprecisa y el tercero al sentido que se manifiesta en ella al ejecutarse (Hannah Arendt). Pero la diferencia básica se encuentra en el modo en como se hilvana una y otra, desde la individualidad insustituible en el primer caso (no siempre, es verdad), a partir de lo colectivo en el segundo.


José Luis Comellas, en su libro "El último cambio de siglo", afirma que "el sabio positivista de últimos del siglo XIX busca la fisis -la manifestación externa de las cosas-, y renuncia a conocer y sobre todo a comprender la esencia de las cosas mismas.Se queda en la superficie y en la superficie encuentra precisamente lo que busca: las aplicaciones prácticas de los fenómenos, que no su explicación", pues se identifica como nunca utilidad con verdad.


También esta observación y distinción podemos trasladarla o extrapolarla al mundo de la pintura, pues a todo lo largo del siglo XX y hasta hoy no hemos parado de preguntarnos en esos términos en todo lo relacionado con los "ismos", las vanguardias y sus desarrollos. Y seguro que no dejaremos de seguir buscando y separando lo superficial y útil de lo que va más allá.


Tiempo de desolación en el malecón. Sus habitantes, en silencio, mudos, palpan sus heridas y cicatrices, hacen inventario de sus pérdidas y ruinas, catalogan sus miserias y como llevarlas en procesión. Un vendaval huracanado habrá causado una indigestión de hambre y sed de nuevo y con ella tendrán que seguir viviendo o muriendo, ya no hay para el caso tanta diferencia.

EXTRAÑA VISIÓN


Hacía referencia el crítico Cesáreo Rodríguez-Aguilera a propósito del pintor Alfonso Costa Beiro, autor de esta obra, a Aldoux Huxley en lo de que "la realidad es un infinito que sobrepasa la razón". Pero también aludía a los surrealistas en aquello que decían: "lo extraordinario de lo fantástico es que lo fantástico no existe".


Dos personajes inconcretos, vestidos con la piel de una textura fría, acuosa, casi líquida, en un lecho tumba, confrontan una realidad ya vivida y muerta, que entregan a nuestra mirada con la aureola de un cielo de fondo que emana un silencio oscurecido.


Esta extraña poesía desgrana el sigilo de un color que ha evitado que el drama convulsione la forma y ésta se rompa en mil pedazos. Hay una tensión que se despoja y engaña, y también una atracción que sobrepasa la razón y hace que lo fantástico sea real y no extraordinario.


Hoy no me apetece pasear por un malecón que ha escondido los dientes y las uñas. Mi amigo Humberto y yo nos refugiamos en la desolación de su taller a rogar que lo fantástico no sea tan verídico que nos deje una penumbra tan clara que nos impida ver la luz.

ANTIARTE


Esta escultura del artista chino-canadiense Terence Koh debería formar parte de una nómina de obras del antiarte. No se explica que no haya una catalogación de estos trabajos para que no haya confusión entre lo que se considera arte -aunque su definición sea por aproximación- y lo que no puede más que enjuiciarse como engendros antiartísticos.


¿Cuál es la necesidad de que un autor nos haga este tipo de propuestas? Pues para eso hay sólo una respuesta específica: la persecución obsesiva del asombro, de la provocación, de la sorpresa, de la novedad como permanente ruptura de todos los códigos y valores establecidos, sean cuales sean,y dejando aparte y en lugar secundario las calidades plásticas del objeto, que normalmente suelen brillar por su ausencia. No puede haber límites de ningún tipo a la libertad de expresión del artista.Y en cambio sí se levantan cuando se trata de execrarlos.


En definitiva, es el subjetivismo extremo que ante la falta de contenidos estéticos válidos con los que construir su obra, deriva hacia campos extra-artísticos en lo que todo vale, se celebra como original y se remunera con las cuentas del Gran Capitán.


Este vaciamiento y nihilismo de estas proposiciones en el terreno del arte ya no tienen cabida ni le pertenecen a esta época, además de que son efímeras y perecederas, tanto que los engañados propietarios de las mismas las tirarán a la basura pasados unos años. ¿Haríamos lo mismo con un Gauguin?


Mi amigo Humberto y yo, tomando como antecedente y pretexto la obra "The Class" de la actriz tailandesa Araya Rasdjarmrarnsook, fuimos al malecón y nos encontramos con diez muertos recién llegados, ante los que cada uno pronunció su monólogo. Fue la única forma de que alguien nos escuchara pues los vivos nunca nos hacen caso. Amén.

LEÓN X


En esta ocasión, Rafael, en su retrato del Papa León X, ha dejado que su pintura se reblandeciese, perdiese consistencia, extraviase el sentido plástico que plasmase la esencia morfológica de un retratado hundido en su propia impostura, para acabar imprimiéndole una nota falsa y cómoda, tanto como un trámite innecesario pero ineludible. Lo cual es entendible si sabemos que gracias a él el artista se hizo rico.


Este nauseabundo personaje, cruel, perjuro e impío, de cuerpo enorme, fofo, hidropésico, con una cara hinchada, pálida, con ojos repulsivos de batracio, de uno de los cuales era ciego y del otro no veía bien, sólo era feliz con su corte de bufones, lisiados, enanos, locos, con los que gozaba contemplando sus peleas y reyertas.


Acompañado de depravados y libertinos, como el cardenal Pietro Bembo, autor de un impúdico poema, "Príapo", que se ufanaba de no leer las epístolas del apóstol San Pablo para no verse influenciado en su estilo, derrochaba en festines y en conciertos musicales en los que su participación, interminable y espantosa, dejaba sordos a los asistentes y en la desesperación a los que esperaban para despachar con él.


Su preferido, dentro del grupo de artistas de los que se rodeaba, era Rafael, siempre alegre, dispuesto y condescendiente, mientras que a Miguel Angel le tenía un temor inocultable y a Leonardo lo despreciaba.


Inclinado a lo raro y monstruoso, era escéptico y supersticioso, y tenía horror a la magia negra.


Rafael dilapidó una buen oportunidad para dejarnos una obra que ahondase en la negrura de un hombre que si por una parte recompensaba al autor de "Príapo", por otra confería plenos poderes al Gran Inquisidor Giorgio de Casale para calentar a toda Italia con el fuego de sus hogueras.


Se celebra un vía crucis en un malecón vacío. Todos hemos huido de esa caverna despiadada de contrición, queremos seguir pecando.

LOS CUERPOS INVICTOS


El artista catalán Eduardo Arranz-Bravo fue suspendido en el Instituto Menéndez y Pelayo de Barcelona porque su profesor estaba convencido de que calcaba los trabajos que presentaba.


La perspicacia del enseñante fue incapaz de creer, al contrario que Arranz-Bravo, que ya tenía la convicción de lo que hacía.


Y esta obra, "Abraçada italiana", solidifica su pasión por el cuerpo humano, que desde la Antigüedad ha centrado la atención del arte como misterio a desentrañar y a expresar en toda su potencialidad.


En esta imagen los distintos elementos que la componen (extremidades, cabezas, etc,.) imponen su orografía, densidad y tamaño de manera anárquica, porque cada uno de ellos reclaman del autor una nueva forma de construirse, de engendrar individualmente otra hechura de hacerse visibles y ostensibles.


El entramado, fruto de esa demanda imposible de rehuir, adquiere un aroma y tintes clásicos en una estructura plástica que en su deformidad plomiza consigue que la configuración tome la consistencia de una carne viva.


Sensualidad gélida que palpita, que es traspasada por una fuerza expansiva que hace del músculo una masa marmórea que abarca todo el cuerpo, que concibe el deseo como el espíritu de la creación.


El huracán ya ha pasado, el malecón sigue dormido y los habitantes continúan en sus refugios contando deseos. Éstos tratan de despertarle para que cuente con ellos. Tarea inútil porque él ha enterrado ya los suyos y ahora únicamente sepulta a los muertos que en vida se les negó todo anhelo.

LA MUERTE BAILA

El gran grabador mejicano José Guadalupe Posada no ritualiza a la muerte según las funestas convenciones al uso sino que a través de sus calaveras o "calacas" nos profetiza otro tiempo y otro mundo, ambos con los mismos signos de vitalidad que dejamos en éste cuando lo abandonamos.

Y lo hace con una penetración y habilidad plásticas insólitas pues el anuncio borra y anula lo tenebroso y lo transforma en la visión de un nuevo orbe que dilapida jolgorio, diversión, baile, parranda, carnaval. Haya o no una intención satírica, también subyace un lenguaje que enaltece y materializa la poesía de una vida sin temor hasta en la muerte. Ésta no nos abandona en un silencio eterno sino que nos hace revivir en inacabables noches de algarabía sonora. Dejamos el llanto y recobramos la alegría. Que así sea.

  • El huracán atrona en una afonía sin espera. El malecón, hoy, defiende su atalaya, pues sin ella dejaría de ser y estar para los que se cobijan en la utopía, para los que no tienen otro asilo, para los que sin ese abrigo no tienen pensamiento, ni libertad ni futuro, para los que carecen de otra guarida y para los que el amparo ha llegado demasiado tarde.




KEIKO SATO (1957) / VERSIÓN DE UNA TIERRA QUE YA NO ES LA MÍA

Dice Gerard Vilar que el significado de las obras de arte cambia en el curso de la historia porque los tres mundos (objetivo, social y subje...