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22 de julio de 2008

VAGÓN DE TERCERA CLASE


Miles de trenes están en constante movimiento por todo el mundo. Ellos mismos son portadores de mensajes a través de los millones de vidas que transportan, pero también son los vehículos que en cada viajero depositan un poso de incertidumbre, de tristeza por lo que se deja, de melancolía por lo que se pierde o de alegría por lo que se reencuentra.


Honoré Daumier, artista francés pionero del expresionismo, en esta obra, "Vagón de tercera clase", ha concentrado en el patetismo de esos personajes la pobreza y la sumisión a un destino cuyo fatal desenlace está decretado. Y que ha sido el mismo que tuvo la vida del pintor, asediado en sus últimos años por el abandono, la pobreza y la ceguera.


La atmósfera que irradia desde una oscuridad sin salida ilumina lateralmente la fatalidad de unos viajeros que denotan la carencia de una convicción de plenitud que, con el fluir del tiempo, se escapa de los hombres.


Memoria, diosa titania madre de las Musas y hermana de Cronos y Océano, ha olvidado a un malecón que arrastra una abulia de siglos y una desidia de centurias. Sobrevivir en la diáspora nocturna no es un itinerario que facilite el encuentro de dioses y hombres. Al faltar los espejos ya no nos podemos ver reflejados en aquellos.


Sin mi amigo Humberto soy incapaz de estilizar este mar antillano y de pintar su mente, ni siquiera el leve rastro de una gota de sal abrasando mi piel. Espero su vuelta en su taller con una pareja que habita el acero.

21 de julio de 2008

EL TRIUNFO DE LA MUERTE

  • En esta obra de Valdés Leal, "El triunfo de la muerte", la osamenta, ese desnudo integral del que nadie disfruta, rodeada de innumerables objetos eclesiásticos y suntuosos, símbolos de la vanidad de la existencia, es un signo religioso e ideológico que a través de una representación sombría, entre lo fantástico y lo real, suscita temor, subyugación, rezo, recogimiento y virtud. Juega con el umbral de un futuro al cielo, purgatorio e infierno.



  • Por el contrario, este cadáver, producto de la técnica de la "plastinación" practicada por Gunther von Hagens, da lugar, al mirarlo, a un cúmulo de sensaciones desprovistas de cualquier idea de trascendencia. Ya estamos ante otros hábitos visuales y sus correspondientes significados.
  • Dos épocas y dos contextos históricos, sociales y artísticos muy diferentes, pero son dos ejemplos de proyección a una cultura de masas, que en el primer caso se dirige a un espectador que es ignorante y está aterrorizado, aunque se le exige total reverencia. Mientras que en el segundo, el efectismo, la morbosidad y la sorpresa se alían para configurar los elementos propios de un lenguaje afín a su tiempo.
  • Dos visiones, dos escenarios que se complementan y formulan dos síntesis y dos sintaxis, en las que la tecnología y la ciencia señalan un antes y un después.
  • Hoy, el malecón, en lugar de desnudarse al llegar la noche, se ha vestido y acicalado. No quiere que sus habitantes lo encuentren melancólico y desdeñoso, pues tiene que atraerlos para devorarlos, sobre todo cuando son vírgenes y les queda mucho por gozar. Cuando están dentro de su seno los acaricia y penetra y no deja que emerjan hasta que ya son su propia metamorfosis.
  • A los que estamos en la eterna penumbra no nos molesta, al fin y al cabo somo seres que sobrevivimos invisibles en la sombra.





18 de julio de 2008

FRIDA DE DIFUNTOS


La de Paco Chika, joven artista extremeño, es una estética con la que ya estamos familiarizados, eso es seguro, por lo que de nada sirve extenderse sobre ella.


Por el contrario, sí que interesa destacar que la visión que aporta en esta obra, "Frida de difuntos", dota a sus iconos de un papel transgresor con el que sumir nuestra mirada en la ironía de lo posible o de lo imposible. Tal es como el virtuosismo y la representación se aunan para que el enfoque plástico sea una realidad cruzada con el simbolismo de una tradición.


Y con ello refrenda toda la historia de un estilo y un formato que se remonta al primer cartel moderno creado por Henri de Toulouse-Lautrec.


Paseando de madrugada por el malecón entre hambrientos de nada y nihilistas de todo, me viene a la cabeza la reflexión impensable que se hace Hans Sedlmayr sobre el arte moderno en relación al "predominio del espíritu inorgánico y el esteticismo y su adaptación al punto de vista humano".


Incapaz de dar con la cuestión que me permita dilucidarlo -de ahí lo impensable-, continúo con mi paseo a la espera de que el amanecer anegue este rincón que hasta ahora ha estado colmado de compañías compartidas y ensimismadas.

16 de julio de 2008

RETRATO Y PERFIL

Me he mirado y me he reconocido sin dificultad. Asgern Jorn, el artista danés de COBRA, me ha devuelto un perfil y un retrato ambivalentes que creía perdidos. Y además mediante una técnica como la de collage, gracias a la cual tú mismo eres capaz de reconstruirte.


Y recobras esa disposición de adentrar en el enigma de tu cabeza pegando recortes de papel que articulados sufren una metamorfosis, en virtud de la cual tu realidad y la suya son una misma.

Sus mínimos rasgos dan fe de tu fragilidad y fealdad, de tu débil naturaleza, de una historia cuyo final se desvanece en la locura.

Son resumen, y también sarcasmo, y además una continua transgresión de unos valores que se han erigido como eternos aunque se hayan corrompido después de tanto exponerse por una senda extraviada.

Y yo sigo padeciendo la soledad del vagabundo en un malecón que no se despierta nunca. De noche sueña y vive, de día duerme para no ver los fantasmas hostiles que se arriman a sus muros en busca de la carroña que el alma nocturna ha abandonado en la lepra de sus piedras.

Cuando la luz alcanza la penumbra, tomo un trago de ron y comienzo la ruta de regreso, siempre por la sombra, no vaya a tropezar con una claridad que ciega primero y mata después.




GRAN APAGÓN


Pedro Pablo Oliva, el gran artista cubano, es el culpable de este "Gran Apagón" que dejó el malecón huérfano de vírgenes mulatas y empachado de soledades fortuitas.


Y yo me he quedado solo en él pues mi amigo Humberto se ha ido a colonizar la Galia con su pintura, cargada de rostros que debido a su fealdad no se permiten soñar. Sean o no fantasmagorías de la razón o de la enajenación, son iconos de la cubanidad que se expresa con un propósito perpetuo y fechitista.


Oliva, en cambio, es cara y cruz de lo que siente según lo va creando, por eso pinta una humanidad enana, tirada en una esquina, absorta, como muñecos dormidos o muñecas insomnes, pensadores de lo absurdo de una existencia que nada tiene que ver con ellos y cuando lo tiene es para hacerles más pequeños e impotentes.


Coreografía tierna e irónica, de luces y sombras, de cuentos de hadas y de lobos tozudos, que siempre nos encuentran y ya no nos abandonan.

15 de julio de 2008

MERODEANDO


Estos músicos merodeadores que acechan nuestra mirada nunca descansan. Te despiertan al alba y ya te están interrogando con sus instrumentos. Les parezco un ser horroroso y fanático, perteneciente a un género humano que siempre está odiándose.


Ellos conciben la belleza que encierra su naturaleza como la única vía para construir una vida en paz, lejos de la barbarie humana. Jamás disputan, constantemente interpretan, dialogan e inquieren.


Son creadores de una obra que satisface sus propias necesidades musicales y estéticas y utilizan a un humano, James Ensor, como el catalizador de los significados ocultos que quieren seguir siéndolo, pues nunca seremos capaces de determinar ni dar por concluido hasta qué punto el espíritu humano puede sumergirse en sus secretos (Goethe).


Mi amigo Humberto y yo nos asomamos a su mundo, del que precisamos conocer su esencia para imbuirnos de su historia. Divisamos entonces un horizonte puro, autónomo, lleno de líneas desnudas, de concavidades escondidas, de hondas matrices, y quedamos absortos, en silencio, hasta que nos dimos cuenta de la que la esencia es ignorancia de su propia finalidad.


Perpetuamente nos enfrentamos a los dichosos y desdichados límites y perpetuamente renegamos por nuestro desamparo, que sin el ron sería un cercado para convertirnos en habitantes en tinieblas.

13 de julio de 2008

MIEDOS


Yo tengo miedo del otro, del que está enfrente de mí o detrás, del que me rodea, del que me habla y no me dice nada.


Veo sus rostros macilentos, feos, sus bocas asimétricas, sus dientes negros, sus orejas simiescas, sus narices aplastadas.


Tengo miedo hasta el instante en que mi autorretrato en el espejo o en el lienzo me equipara, me horroriza y espanta. Ya soy otro devorador de sus tiempos y los míos, por eso dejo que la sangre corra por mi cara y que al llegar a mis labios me entre en la boca y me duerma con su sabor.


Karen Apel ha empastado el color de esos sueños en soledad, meretrices insatisfechas por el pago, prostitutas irredentas que nos condenan a no llevar máscaras, a mirarnos, en la vejez, con el odio de nuestras desdichas y envilecimientos, con el rencor de ser mortales en un mundo que ha decidido dejar de serlo.


Hoy no podemos faltar, es alba de resurrecciones en un malecón que ampara a un mar mestizo y sinuoso plagado de ondinas filiformes y habitantes hambrientos de cuerpos fugaces. Con toda su majestad intacta, paseaba la hermosa mulata Jeanne Duval, de la que estuvo enamorado Charles Baudelaire y que describía como "bruja de flanco de ébano, hija de mediasnoches negras, más deliciosa que el opio". Después de verla, mi amigo Humberto y yo envejecimos porque ese inolvidable momento tuvimos que retribuirlo con veinte años de nuestro mermado tiempo.

11 de julio de 2008

ENCUENTRO CON LOS MÚSICOS


Siempre me ha fascinado la representación de los ojos y las manos en el arte latinoamericano, ellos solos podrían escribir, y de hecho lo hacen, toda una historia de dolor y sufrimiento.


Son ojos que se han hecho grandes de tantos amaneceres duros y crueles en una geografía hostil, en una tierra que da para los que ya tienen y es árida para los que necesitan. Ojos con un hambre que de tanto maldecirla acaba en sangre.


Y unas manos enormes y ásperas condenadas a realizar un trabajo de siervos, a una vida de esfuerzos inútiles y pieles marchitas nada más nacer.


En el artista peruano, Juan Carlos Ñañake Torres, y en esta obra, "Músicos", se cruzan corrientes estéticas europeas y americanas en aras a configurar un universo apegado a sus propias raíces, al de una figuración que ensambla planos cromáticos pálidos y atenuados en una geometría de cuerpos que quiere ser símbolo de alegría y sempiterna resignación.


Podríamos hasta perdernos en referencias heterodoxas a vidrieras y retablos que emergen desde altares precolombinos o iglesias bizantinas. Sea lo que sea, Ñañake los ha bautizado de nuevo. Y han prendido en nuestra mirada otro inédito imaginario visual.


Mi amigo Humberto le estaba dando vueltas en su cabeza a lo que un "atrás del palo" le acababa de decir: "Uno se muere de ser genio pero para comer tiene que haber dinero". Entonces, viéndole apurado, le conseguí el encargo de un retrato a una morocha rica. Cuando le llevé la buena noticia me dijo: "A mí con un buen trasero me basta, con tal de que la piel no rechace la luz".

9 de julio de 2008

LOS NAÚFRAGOS DE LA MEDUSA


Thedore Géricault, el gran pintor romántico francés, pintó esta gran obra maestra una vez que había abruptamente roto sus relaciones con la mujer de uno de sus tíos, dejándola embarazada y desamparada. Fue expulsada al campo y su hijo dado en adopción. El escándalo se mantuvo en secreto hasta un siglo y medio después.


Atormentado por la culpa y la cobardía, se encerró durante dieciocho meses hasta dar por terminado el inmenso cuadro que presentó al salón oficial parisino en 1819, cuando contaba la edad de 27 años. En él se refleja el dramatismo incontenible de otra traición, la del capitán del "Medusa", que ordenó cortar las cuerdas con las que remolcaban a las 147 personas que se refugiaban en la balsa. Sólo se salvaron diez y algunos de ellos gracias a haber devorado los cadáveres que les rodeaban.


La desesperación del pintor cuando supo que no sería comprada por el gobierno fue enorme pues le dejaría sin el gran reconocimiento al que aspiraba. Entonces era el cuadro histórico el que daba la verdadera talla de un pintor.


Géricault ha tratado de expiar su traición con la obtención de la gloria por su ensalzamiento como creador de una monumental obra que recoge la inmensa tragedia fruto de otra traición. Pero fracasó.


Dos traiciones, dos tragedias. De una nos queda un testimonio inconmensurable, de la otra, la desventura de un artista que intentó después suicidarse varias veces hasta que finalmente, debido a una caída de un caballo, murió a los 32 años.


Mi amigo Humberto y yo hacemos cuentas y no nos salen las innumerables traiciones que tuvieron cabida en este malecón malhadado. Y al empezar con las tragedias tuvimos que detenernos, eran tantas que ni en los kilómetros hasta el puerto cabían. Mejor dejar que su memoria se pierda al sol de la mañana pues ya la sombra sabrá depositarlas en el recuerdo dormido de unos habitantes que ignoran que el sueño es una gran derrota.

UNA MIRADA SOBRE EL SUFRIMIENTO


La artista alemana Kathe Kollwitz nos legó una obra en que el sufrimiento y el arte, sin una voluntad inicial predeterminada pero que al final se manifestó como el fondo del pathos del que partir, se fundieron en una aleación de muerte y horror.


En esos dibujos quedó testimonio irrevocable de los años de acero del siglo XX, en que el hambre, la guerra, la miseria, el dolor, la muerte, hicieron que de sus manos temblorosas, heridas y agotadas, las fisonomías alcanzasen otra realidad, un espanto que se grabó como divisa de una humanidad que luchaba por su supervivencia y también por su derrota y extinción; ésa es la contradicción reflejada, con una mirada ciega, en un rostro que ya dejó de huir de tan ominoso horror.


El arte nos hace más visibles, más sublimes y palpables, estos delicados trazos de lo que nunca querríamos ver pero que están ahí. Y nos queda mucho silencio para contemplarlos.


Mi amigo Humberto y yo asistíamos a un día de difuntos en el malecón. Del ron trasegado se alzaban letanías en pos de vernos en la otra orilla antillana, pero el murmullo marino se tragaba nuestros rezos para evitar huidas de unas bendiciones execrables impartidas por las locas hechiceras que habitaban la penumbra.


7 de julio de 2008

CORAZÓN VIEJO


En Baja California nos encontramos con un artista mejicano, Roberto Rosique, y este "Corazón Viejo", que él ha construido con la magia de lo que hay dentro de lo físico y que está esperando que un buen explorador lo halle.


Los creadores que conciben y fecundan desde esta base material sus métodos de expresión poseen como una mediación orífice que les permite adentrarse con gran facilidad en estos terrenos y superficies, conociendo en cada momento el potencial característico de su naturaleza y su adaptación al proyecto del artista.


Y de esta forma se llega a la plasmación que viene después, la que conforma el encaje de la obra al lenguaje del tiempo mediante los rasgos estilísticos que le confieren autenticidad y autoridad, la que hace que nos seduzca por abrirnos una imagen, una visión, que guía nuestra mirada por unos cauces que intuitivamente estábamos esperando para saciar nuestra sed de ver bajo otros espejos.


Roberto lo ha conseguido por llevar permanentemente su oficio a apelar a instancias cada vez más plagadas de recursos, estímulos y consecuciones plásticas paralelas entre realidad y vida.


En esta obra, el corazón, un inmenso pulpo, se agarra inútilmente a una coreografía que lo está enterrando en un túmulo de acero para que su descanso eterno sea un colosal lamento. Así sea.


Sentados en el malecón bajo un día que se está convirtiendo en noche, le pregunto a mi amigo Humberto si sería capaz de pintar el silencio. Me contestó, sin dudarlo un segundo, que por supuesto, que sólo necesitaría diez ocas, veinte gallinas, cinco perros, tres jicoteas, dos puercos y una arrebatada. Enmudecí.

DIETMAR WOELFL / MI PINTURA ABRE OJOS