El americano PERRY no ha olvidado que las formas y las narrativas están vinculadas históriamente a efectos de continuidad, pero transfiriéndole su propia impronta formal y espiritual.

Sus obras evocan y despiertan en un presente en el que se hacen imágenes encerrando una recreación de lo que sentimos como vivo y subyacente en nuestros pensamientos y emociones.

Su escritura cromática y la configuración volumétrica son como coreografías que están teniendo lugar, que se mueven y se dejan mirar como salidas del pasado para no despojarse del futuro, de su espíritu carnal en permanente orgía de cuerpos y almas.

Nosotros, en este remozado siglo XXI, debemos logar ahora ese alzamiento telúrico que nos encumbre a todos...
(Alfonso Callejo)