CLAUDIA TEBBEN (1966) / LA PINTURA SON MIS OJOS
La alemana TEBBEN no deja resquicio sin cubrir en la superficie, es tal su ansia de que la materia fermentada adquiera ese estado de locura y éxtasis.

Así es como en su obra la masa cromática, bien densa, saturada y texturizada, adquiere una fuerza ontológica y catártica que la define en su condición de cosmos mutante.

Evidentemente la artista es un aliado esencial en ese trazado indómito, propio de quien considera la plástica como un mensaje para una existencia que no tenga fin.

¿Podría hablarse entonces de una triple articulación de lo apolíneo, lo dionisíaco y lo utópico.
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