FRANKLIN CASSARO (1962) / SON PARA MÍ
Ya estamos acostumbrados a que el arte contemporáneo nos desconcierte y nos sitúe ante obras en que la incerteza de significados y visiones sea la telenovela de cada día.

En el caso del brasileño CARUSO es entretenerse en la manipulación de una determinada materia hasta la consecución de un objeto de juego que obedece a una estética imposible aunque bien almidonada.

No obstante, sus piezas atraen, recaban nuestro humor, y desarman el clamor de un horror que debían escenificar, pero que ya hartas de él se han transformado en muñecos de compañía muy selectivos.

En su día, se nos repitió por activa y por pasiva que el contenido era una condición necesaria para el arte.
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