NICHOLAS ROERICH (1874-1947) / VENERO MIS FUENTES
La obra del ruso ROERICH se expande más allá del lienzo para proyectar un paisaje místico que invoca una expresión de recogimiento en nuestra mirada.

Su magia cromática perfila un hálito de comunión con unas cumbres majestuosas que hacen que nuestra imaginación se amplíe abarcando vastas regiones que se han protegido del vacío retórico.

Y claramente nos señala que el arte debe reaprender el silencio, la escucha interior, y recuperar un espacio íntimo de mediación e interrogación.

Hay una máxima de los libros herméticos:
El tiempo se manifiesta, pero la eternidad se oculta.
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