Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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20 de junio de 2012
ALD HELD (1928-2005) / NO ME HACEN FALTA DISCURSOS
Escribió Charles Baudelaire que un cuadro es una máquina en la que todos los sistemas son inteligibles para un ojo ejercitado; donde todo tiene su razón de ser, si el cuadro es bueno; donde un tono está siempre destinado a hacer resaltar otro; donde una falta ocasional de dibujo es a veces necesaria para no sacrificar algo más importante.
Con la obra del norteamericano HELD percibimos esa concepción de sistema integrado, calculado, organizado y trazado como un laberinto cromático que ha formulado sus propias claves. Y que sugiere lo que señalaba Mishima respecto a que un pensamiento que no se encarna en una forma y que no se oculta detrás de ella no puede considerarse como el pensamiento de una obra de arte.
En tal cosmos cada pieza, línea, plano, elipsis, figura, tiene esa razón de ser a la que aludía el escritor francés, lo que no es óbice para que la estructuración de conjunto, de clara matriz constructiva, rebase el marco de una configuración que podría no pasar de ser cerrada y contenida, para hacerla abierta y apuntando a un desarrollo ilimitado.
Entramos, a medida que nos vamos moviendo y situándonos ante cada obra, en un ámbito futurista, etéreo, diseñado por una ingeniería investida de plasticidad y sentido profético. Absorbe la mirada hacia el interior de esa dimensión espacial en que sabe que puede ubicarse con el presentimiento de una nueva era tecnológica o galáctica.
El ser nace y su nacimiento cumple la mirada, sus vapores
en agua se deshacen, su dureza se cierra con su aurora.
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