Creo que Fumaroli no se estaba refiriendo al español ANTONIO LÓPEZ cuando señala que en neofrancés se llama ¨plásticos" a unas personas que han colgado los hábitos de todas las artes, con la pretensión de subvertirlas todas a un tiempo, sin saber ni dibujar, ni pintar, ni esculpir, ni bailar, ni cantar, ni dar un paso, ni actuar...... Ni mucho menos. Él y su obra en sí mismos son el propio concepto de arte, sea clásico, moderno o contemporáneo.
Pero además es que cada cuadro o escultura refleja un acontecimiento único, un suceso extraordinario, un hecho a través del cual sentimos la fuerza expansiva del sentimiento plástico en un contexto exclusivo, en una síntesis de tiempo, memoria y creatividad. En esta segunda retrospectiva en el Thyssen de Madrid se reconstruye paso a paso una sabiduría lenta, que ha madurado plena y paulatinamente, que opera sobre la mente y el ojo como un bisturí, sin acudir al desperdicio de lo que sobra o de lo que está de más.
Trabaja con la realidad de una urbe que se descubre a sí misma, que se habla, sufre, se confiesa, ensucia y no pide la bendición porque está levantada con una dimensión humana que se transparenta en su soledad. El artista tiene esa capacidad para acertar con la materialización justa de ese imaginario, enriqueciéndolo con una reflexión pictórica que se alarga durante decenios. Ahí reside su finalidad, ya sea buscada o hallada, o las dos al mismo tiempo.
Casi diríamos que su oficio es desmesurado en su virtuosismo, atemperado por un talento excepcional que impone un sentido, una dirección, cuyos términos avanzan etapa por etapa, capa por capa, y conforme a perspectivas que se abren para buscar otras. Una visión poética que enlaza finitud e infinitud, tiempo y escoriación, duración y corrosión, vida y muerte. No se deja nada.
Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
Wikipedia
Resultados de la búsqueda
1 de septiembre de 2011
ANTONIO LÓPEZ (1936) / LA PINTURA ES UN DESCUBRIMIENTO
30 de agosto de 2011
DANIEL SPOERRI (1930) / BODEGONES PARA COMER
No sé en qué lugar he oído lo de que a mí lo que el artista traiga de su viaje de exploración no me asusta. Y además no puede conseguir esa intimidación si la sensibilidad imaginativa está sincronizada y acorde con los nuevos artilugios visuales.
Sí es cierto que en toda tentativa de traducir a palabras el enigma inextricable de la creación artística se da un carácter ambiguo y equívoco, lo que ya he comentado en anteriores ocasiones. Y también, y ya es una acotación inédita, lo de que un gran pintor está autorizado a retomar la tradición después de haber hecho la revolución, que no es más que la búsqueda de su propia realidad (Elie Faure).
Por consiguiente, expresados esos preámbulos en referencia al denominado "nuevo realismo", la obra del suizo de origen rumano SPOERRI es paradigmática, por sus bodegones trampa, su mal calificado arte para comer, su penetración y conjugación insidiosas, el centelleo de lo efímero antes y después de su consumo, su proceso organizativo, su soporte máscara de lo que nos nutre, su rebelión al colocar en vertical lo que no tiene otra conciencia que lo horizontal, su intención plástica en un contexto ajeno a ella, en definitiva.
Comoquiera que los bodegones son puros reflejos visibles y táctiles, que desprenden olor, sabor, cultura y pathos culinario, podemos hacernos ahora eco de su lamento al no poder ser entes a desaparecer invocando su destino, al estar condenados a una presencia sin comensales, sólo espectadores, y a una exhibición extraña a su naturaleza, su constitución física. Hay una estética evidente y determinada en la manipulación de lo empírico y en el objetivo de destrucción de su significado, pero en todo caso comamos, que la cena está a punto.
21 de agosto de 2011
CARLOS MÉRIDA (1891-1984) / RAÍCES QUE ATRAVESARON EL CORAZÓN
¿De qué sirven las ecuaciones en el arte? Pues de tener que cargar con ellas, veces más, veces menos, y estén despejadas o no. Aunque la más notable es la referida a objetos más galerías más salones más museos más coleccionistas más ventas más especulación, sin olvidarnos de premios, ferias y fiestas de guardar.
Pero centrándonos en el guatemalteco MÉRIDA, que no es ninguna ecuación, hemos de decir que él sí ha encontrado los símbolos adecuados y les ha dado una forma convincente. Y es que su fórmula plástica recopila la idiosincrasia constructiva y la hace moverse en la dirección ancestral, aborigen, autóctona de un subcontinente hasta ahora olvidado y despreciado.
Desde este sentido eclecticista, la raigambre convierte el pensamiento, la intuición, el sentimiento y la sensación en una obra de manifiesto impulso creativo y también en producto de solera, pasión y abolengo.
No es que nos vaya a descubrir increíbles mutaciones, inalcanzables estratosferas, no, no es eso, es que sencillamente nos revela que una iconografía con las maneras cimentadas, bien organizadas y conformadas depuran la gracia y el rito heredados, sus creencias y sufrimientos.
- Atendiendo a lo que se ve, es una labor de recuperación, de rescate de presencias nuestras que nunca han tenido redención, lo máximo una convalecencia de lavado de imagen con funeral cantado.
- Llueve sobre El Malecón y mi hermano Humberto Viñas aprovecha para hurgar en los huesos que traen las mareas. Piensa hacer con ellos un museo bajo tierra y no cobrará entrada. Amén.
12 de agosto de 2011
ANDRÉ MINAUX (1923-1986) / HUIR DE LO AMORFO
He de reconocer que tomo de los especialistas únicamente aquello que me interesa, tal es el caso, ya repetido en este blog, de Herbert Read, el cual declaró que las imágenes de los artistas son ante todo formadoras, es decir, que le confieren una forma definida a lo que era amorfo; son cristalizaciones de intuiciones mentales fluidas; materializan lo inmaterial, lo inmaduro, las orientaciones meramente sentidas y localizadas de la experiencia sustancial.
Efectivamente, el francés MINAUX es el cultivador de una síntesis que por sí sola conforma un modo de vislumbrar, de acceder a esa experiencia que delimita al artista, lo que le hace ser de la forma plástica que al final es.
Nada de bellezas buscadas ni sentidas, nada de rasgos excelsos ni metonimias. La representación goza con su propio sentido de lo que aparece, con su significado alcanzado, con la rotundidad de una coloración que difumina o avejenta y a la que no hay que exigirle más. Pues sonoriza la pasión de lo que no precisa tanta contextura y revela dominios y tramas que remiten a la ilusión de mirar lo que no vemos.
- Cuando hay claudicaciones hacia otros derroteros, la magia permanece y alienta al taumaturgo y entonces se baña en su caudal hasta la hora de cierre. Mañana será la aventura de otra espera.
9 de agosto de 2011
ARNALDO POMODORO (1926) / EL ORDEN DE LAS MUTILACIONES NO CABE EN MIS CUERPOS
- Si buscamos el paradero de otros conglomerados de monolitos, no tenemos más que preguntárselo al italiano POMODORO, aunque él no creo que nos aclare que su intención era que esas efigies funcionasen como intrépidas reminiscencias de un ideario que pretendía ser omnisciente.
Sus superficies están horadadas, los tajos abren oquedades, interiores o dejan grabadas las heridas ordenadas, geométricas de civilizaciones supuestas o de culturas que se amparaban en esos ídolos para renovar sus teodiceas.
Dentro de la esfera la tierra oculta su naturaleza aunque no le sirve de nada, la pirámide comunica su tiempo nuevo y los baluartes las muecas de sus defensas conquistadas.
Es una obra cargada de connotaciones, fuentes, mitos y referencias, centrada, asimismo, en una plástica que conjuga el misterio y finalidad artística, lenguaje y sensibilidad panteísta de una humanidad que lo necesita para vivir.
- Valles sin lindes, mares sin riberas,
- cavernas, bosques densos y titánicos,
- montañas que a los cielos desafían
- y hunden la base en insondables lagos,
- en lagos insondables siempre mudos
- de misteriosos bordes escarpados,
- gélidos lagos, cuyas muertas aguas
- un Cielo copian tétrico y extraño.
- (Edgar Allan Poe).
3 de agosto de 2011
EVA AEPPLI (1925) / LA INFELIZ RAZÓN DE NO CONVERTIRME EN NADA
Silencio de nieve por doquier, las campanas están tocando a rebato, mas es lo mismo, las plañideras y ceremoniosas criaturas se han plantado en el hogar de nuestro imaginario y conducen tan pronto nuestros rezos como proporcionan diana a nuestras andanzas.
Lo peor no es su hermética configuración y compostura sino la insondable forma de inmiscuirnos en ella. Cabe su hechura de símbolo durmiente pero en su seno se despereza una formulación antropológica que obliga a la razón plástica a descubrir su propio signo sin respuesta.
25 de julio de 2011
MIKE SWANEY (1978) / EMULACIONES Y SÍNDROMES
Vamos a contar un cuento tan grande que no quepa en el espacio ni en el tiempo. Vamos a vivir de narrarlo tantas veces y en tantas ocasiones que no haya forma de recuperar su origen y comienzo. Vamos a hacerlo nuestro, cobijarlo entre nuestras sábanas y dejar que nos colme.
Si lo habitamos y permitimos la fluidez de su decoro, que sea como un collage que capte idiosincrasias de color sustituyendo habitaciones vacías. Si va a pertenecernos, que sea a caballo entre los ensueños y las elucubraciones. No queremos más si de los que se trata es de ir hacia menos.
El canadiense SWANEY, en su obra, aparece como un analítico que se pierde a lo largo de ella en su expresión, pues proyecta, siente, imagina y sueña. Tiene capacidad para que la fantasía de su trabajo sea nuestra compañía, informe nuestra percepción, la de espectador y la de inquisidor de nuevas imaginerías que nos remitan al acontecer de un ciudadano huérfano.
Juega con nuestras ensoñaciones de infancia, con nuestros repertorios de misterios por pintar y crear, construye desde las distintas dimensiones de la realidad, una para ti, otra para mí y otra para aquél. Juntas conciben la unidad esencial de lo que se representa como ensayos de la percepción hambrienta carente de adhesión. Necesitamos otra vez los duendes, los elfos y los gnomos para acabar con el insomnio. - Sin cesar con la móvil
- Trabazón de unos vínculos
- Que a cada instante acaban
- De cerrar su equilibrio.
- (Jorge Guillén).
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