El americano SOTO registra un surtido de imágenes que hacen imposible establecer parámetros para un imaginario que está en constante crecimiento.

No tiene ningún reparo en ocultar sus orígenes grafiteros, al contrario, sobre el carácter de su ideosincrasia, fabula plásticamente sobre un universo en que el espacio es la sede de un cromatismo que encuadra una brillante sintonía visual.

Tiene además su trabajo otros elementos a considerar sobre la base de su dibujo y concepción arquitectónica, pero la fantasía y la imaginación son las que suscriben la talentosa condición de su producción.

El escándalo que produjeron las palabras del compositor Stockhausen respecto a que el ataque terrorista del 11 se septiembre de 2001 había la mayor obra de arte de todos los tiempos, fue morrocotudo.
El danés SIMONSEN nos abre otra dimensión de percibir la naturaleza, hasta el punto de metamorfosearla en una nueva que reivindica la lujuria del color. 
La visión, podríamos aventurar, que nos ofrece en sus obras es la buscar una utopía en lugares y paisajes concretos o indeterminados que se nos pasan desapercibidos en nuestro entorno óptico por no contar con ese encantamiento del saber contemplar más allá de lo previsto.

Dios es la soledad de los hombres (Sartre).
A la obra del suizo BRODWOLF le encajaría la declaración de Danto respecto a que una definición filosófica del arte se debe formular en los términos más generales posibles, para que todo aquello que alguna vez haya sido o pueda llegar a ser una obra de arte entre dentro de sus límites.

Independientemente de la citada flexibilidad conceptual, lo cierto es que el hallazgo técnico y visual de este artista es el que le ha ofrecido la oportunidad de concebir un discurso que trata de la angustia de la materia excluida dentro del ser humano.

De estas articulaciones y combinaciones matéricas emergen unas piezas entre lo patético y lo enterrado, lo desechado y lo definitivo como página final.

Algunos autores dividen la configuración de imágenes en una cultura de masas y en paralelo otra minoritaria.
Los colores, su red y contextura, interpelan nuestros cuerpos y nuestro espiritu al entrar en sintonía con nuestra sensación visual.

El americano De Looper, a base de una intuición conceptual de lo que que es y define el sentido cromático, ha encontrado la clave para proyectar su esencialidad.
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Es una pintura vaporosa y etérea que contamina la mirada con su suntuosidad y matices, que se enmarcan dentro de un pensamiento visual plácido y veraz.
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La percepción, en cuanto humana, está llena de significaciones.
El alemán KAHN tenía la íntima convicción de la mirada exigía una transformación en la contemplación de la naturaleza, del paisaje, de la sensualidad plástica de que está impregnado.

Su hacer marca un prodigio más allá de su armazón físico, lo convierte en una poesía sutil y meditabunda y prodigiosa en su calidad cromática, destinada a un sueño que hasta ahora nos era desconocido.

Su obra es el redescubrimiento de una realidad por medio de un estilo depurado y pausado, imaginario en su concepción y experimentado en su plasmación.

La clave semántica navega en lo indeterminado.
Lacan afirmó que tiene poco sentido preguntar por la intencionalidad de una obra de arte como si fuera algo distinto y separado de ella en sí misma.
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El franco-senegalés DIOP no se pregunta sino que relata plásticamente la memoria fragmentada y unida de los hechos que forman parte de su obra.

Es como un mural que quiere abarcar todo el espectro pictórico y agónico de un lenguaje que en su figuración y cromatismo conforma una realidad todavía viva y dolorosa.

El arte provoca e intensifica nuestro potencial de imaginación.
Se dice que la recreación estética de la obra de arte no depende únicamente de la sensibilidad nativa y del adriestamiento visual del espectador, sino también de su propio bagaje cultural.

El americano HOUGTON HOWARD asumió el vértigo desde un inicio bisoño hasta la consecución propia de una plástica que bebía en las fuentes de su tiempo y las sobrepasaba.

Su pintura, tan ensayada y pensada, tiene la magnitud de un universo cuya pasión es reconstruirse una y otra vez desde unas bases en las que los significados se conjugan entre lo onírico y lo surreal.

En lo real siempre se encuentran riquísimas e imprevisibles facetas.
Si hacemos caso a Lacan en lo de que el artista es producto de un contexto y viceversa, la obra del sigapurense multidisciplinar KUNING ofrecería todas las claves de interpretación.

Pero si nos adentramos más allá de ese problemático axioma, podríamos percibir que en sus planeamientos se cruzan muchas sensibilidades visuales.

No es fácil dejarse llevar por la mirada sin una actividad y participación decisiva de una divagación mental que haga accesible su núcleo estético a nuestra detección.

Sobre la superficie de la esencialidad podemos leer nuestras propias experiencias y emociones: nuestras sombras, nuestros sueños, nuestras nadas, pues sigue intacta la libertad para ver, sentir y esperar.
Los paisajes del italiano TEALDI obedecen al deseo de estar plasmados como evocaciones fantasmales y misteriosos cuya percepción nos induce a penetrar en otra vitalidad.

Pero también como el aliento de una melancolía que padecen entre el ansia de ser y el dejar de serlo, el difuminarse como el logro de un sueño cuyo despertar ya no tiene espíritu.

Al mismo tiempo, el artista recupera unn sentido histórico de la pintura, de su significado y dimensión a los largo del tiempo y del espacio como una fuente de vivencias que nunca desaparecen.

El arte es una lucha contra el tiempo y un gesto contra la muerte.
¿Hay en el artista una escisión entre el sentido de sí mismo y un sentido de su existencia dentro del entramado simbólico de la cultura de la que forma parte?
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El japonés SUGAWARA se encierra en la naturaleza que le rodea por todas partes en su medio para llevar a cabo una obra que muestre la síntesis de materia y espíritu.

Al final, en esas piezas, cuyas nervaturas, tejidos y estructuras venosas, conformadas con un cromatismo que evoca su origen geológico, telúrico, téctonico, el acto final culmina y la metamorfosis está creada.

El malecón habanero no habla ni transmite, únicamente sentencia: llegará un día que saldrán huevos de debajo de las piedras.
El chino CHOW basa su obra en experiencias visuales que impactan y nos invitan con su arrebato a a una percepción distinta y penetrante.

Hay una amalgama caótica que en cada momento adquiere unas ansias ontológicas distintas sobre unos fundamentos de ensayos cromáticos densos, saturados, goteantes, vertiginosos, explosivos, que no aceptan más oscuridad que su propio brillo.

Es un sentimiento plástico híbrido que cimentado en la espiritualidad oriental rebosa de un magma occidental de desconciertos y divisiones.

¿Se puede elevar la experiencia a un nuevo nivel de abstracción?
Dice Worringer que el afán de proyección sentimental y el afán de abstracción son los dos polos de la sensibilidad artística del ser humano, en cuanto ésta es accesible a la valoración estética.

El cubano CAMEJO, en su obra, asume esa voluntad creativa con toda la proyección de su sabiduría e intuición, logrando con sus pinturas unas vicisitudes cromáticas fulgurantes que evocan el sentir de nuestra percepción.

Capas y texturas que son una introspección muy elaborada de superficies que están fijadas en la mente del creador, que son su inspiración vital y resolutiva.

El artista ve, en su universo de lucidez, el mundo como algo nuevo, lleno de misterios y sorpresas.
Un artista que se convierte en un explorador de formas, texturas, colores y objetos no es sólo un investigador visual, sino un creador que mantiene una búsqueda incesante por materializar experiencias y percepciones.
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Ese es el cubano REDRUELLO, en cuya obra late un mundo iluminado y escalonado, fertilizando una superficie en la que tal génesis es posible e inaudita.

Su resplandeciente sentido cromático es un relato de sugerencias y caligrafías sensoriales que hacen que la mirada quede desnudada ante sus misterios y sorpresas, ante el fulgor de un secreto lenguaje que al mismo tiempo que transmite evoca.

Hay una emotividad de los objetos marcados por la vida.