ZAI KUNING (1964) / EL LABERINTO ORIENTAL
Si hacemos caso a Lacan en lo de que el artista es producto de un contexto y viceversa, la obra del sigapurense multidisciplinar KUNING ofrecería todas las claves de interpretación.

Pero si nos adentramos más allá de ese problemático axioma, podríamos percibir que en sus planeamientos se cruzan muchas sensibilidades visuales.

No es fácil dejarse llevar por la mirada sin una actividad y participación decisiva de una divagación mental que haga accesible su núcleo estético a nuestra detección.

Sobre la superficie de la esencialidad podemos leer nuestras propias experiencias y emociones: nuestras sombras, nuestros sueños, nuestras nadas, pues sigue intacta la libertad para ver, sentir y esperar.
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