Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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11 de diciembre de 2016
HEATHER PHILLIPSON (1978) / TODO ES MENTIRA
Vamos caminando por la calle y nos dejamos abrumar por los escaparates hasta que nuestro sino consumista va atando cabos de imágenes de aquí y de allá, de tal manera que a ese conglomerado fragmentario incubado en nuestro cerebro solamente le falta un marchamos escénico para erigirse en una apropiación artística.
Eso es lo que hace el británico PHILLIPSON, aunque en realidad es un cuento de hadas integrador de muchos elementos que tengan una resolución visual inmediata, reconocible, a la que podemos titular en el momento y en el momento podamos atribuirle tanto una crítica social como una parodia, una lectura estimulante como una frivolidad con ínfulas de mayordomo de casa real.
Es un perfecto ejemplo de lo que el arte contemporáneo da de sí, que es mucho y muy diverso, pero al que el escritor César Aira tacha de "nombre perfectamente absurdo, ni descriptivo ni provocativo ni geográfico, de una materialidad apabullante, casi paródica".
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