JOSÉ CHÁVEZ MORADO (1909/2002) / UN PINCEL LLAMADO SANGRE

  •  Cuando la conciencia y la percepción están siendo masticadas por la crisis en que todos y ninguno nos metieron, deberían multiplicarse los murales para romper las últimas señales que nos hacen ver espejismos de nuevos y apacibles llamamientos al contexto y a una luz que sigue brillando. 
  •  No, no es cierto que necesitemos tales reflejos sino paredones apocalípticos, visiones de luchas milenarias, mitos que no se hayan vuelto apáticos. Necesitamos carnavales como los del mexicano CHÁVEZ con vistas a tomar de ellos el signo rebelde.
  •  Tampoco queremos fuerzas que nos derroten tanto como nos desborden todavía más, pues resulta aburrido y mustio someterse siempre a las mismas con sus símbolos de fugacidad y muerte. Ya es suficiente. Sepamos vivir aunque sea con los pechos caídos y los hijos perdiendo la fe. 
  •  Por tanto, nunca hay que quitar la vista de una representación que jamás está agotada cuando de nuestra propia naturaleza y condición se trata, al fin y al cabo perpetuamente están en juego y además han dejado de bailar desde el otro lado. Y menos hay que desviar la mirada de la que conquista tapias sin márgenes para la duda. 
  • Siento que nado dormido
  • dentro de un tonel de vino.
  • Nado con las dos manos amarradas.
(José Lezama Lima).

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