La gran tradición de la pintura considera la tela pintada como un espacio geométrico por amueblar, si bien esto último no deja de ser una metáfora desafortunada.
Mas en el caso de la obra del sueco Kozlowski es el perseguir el sueño de un espacio que haga del color un ser que irradie y bosqueje formas.

Su pintura se asemeja a un mar cromático deslumbrador en el que sumergirte y renacer, morir y despertar, explorar y vivir en armonía.

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