Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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24 de junio de 2012
CONRAD MARCA-RELLI (1913-2000) / NO ES BUENO QUE LA OBRA ESTÉ SOLA
Otro artista más de la Escuela de Nueva York, MARCA-RELLI, que exploró las texturas, la fisonomía de la luz y el color, los rasgos que conforman un orbe lingüístico e idiosincrásico que habla para abrir los espacios físicos y psíquicos y otorgarles la fuerza y la proyección que necesitaban. Estamos hablando de un pionero y de una labor plástica que ha continuado.
Nuestro entorno nos ofrece como espectadores referencias ligadas a secretos aparentes que no son tales, únicamente hay que fijar la mirada, bien abierta, para desentrañarlas, buscar sus modos de expresión, sus fórmulas de diálogo, ese diapasón que está ubicado tanto dentro como fuera de nosotros.
Para los artistas, convertidos en voceros de su tiempo y su sociedad, precursores y mediadores, comprometidos siempre, es el fenómeno hallado lo que cuenta; para el que contempla es el descubrimiento imprevisto, el que por fin se ajusta al ansia por ser parte de un relato desconocido que ahora toma forma a medida que la significación del hecho de observar se hacía patente.
Estas obras revelan las posibilidades, aunque parciales porque van en una dirección concreta, del quehacer artístico en ser una entelequia factible, que es la propia de originar una plasmación como quimera real que nos alumbra y nos proporciona plenitud, la misma que es la señal a perseguir por el ser humano.
¿Si toco mi ser será más lenta mi metamorfosis?
¿Disfrazado de peluquero puedo penetrar en el exterior
remolino?
Si estoy frente al espejo, saco la lengua ¿oye alguien?
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