A un polaco deportado en Auschwitz y Buchenwal ya le queda muy poco a pesar de haber sobrevivido, pero ese poco es lo fundamental, ya que lo que le queda a SZAJNA es la lucha de la memoria contra el olvido. El haber entrado por las puertas de esos campos significaría haber salido por las chimeneas de los crematorios.
La conciencia del mal y la indefensión de sus víctimas es un ritual que no puede exonerar a la plástica de esa angustia de la mirada. Hay que tenerla siempre presente para que el recuerdo de esa iniquidad nunca pierda presencia, sea un pasado integrado en el presente y configurando el futuro.
Un silencio sepulcral rodea esos espacios que son recuento y dianas, gritos y agonías, maneras terribles de extinción y barbarie. Con la piedad también ha desaparecido el sentido humanitario de la vida.
Estas obras deberían ser colocadas en el lugar de los otros altares y retablos o junto con ellos, pues son más auténticos y les sobran cálices en los que beber la sangre ya quemada y consagrada.
- Día relente, mes, estrellas heladas,
- Luz amplia, andenes, estaciones sin fin,
- Los túneles duermen en la rutina
- De velocidad pasada,
- Dos renglones son la comunicación,
- Palabra no entendida, dispersar.
- (José Luis Álvarez Vélez).
Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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4 de abril de 2011
JÓSEF SZAJNA (1922-2008) HORNOS CREMATORIOS
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