Si he de pintor no puedo perder la memoria táctil, tectónica y visual de lo vivido y el donde ha transcurrido. Y no se trata de ser fiel sino de ser más que el hacedor de una lealtad que me frena. Seré detractor de mí mismo y devoto de la ilusión plástica que me embarga cuando la memoria es sólo un silencio alucinado de la mirada.
El levantino LOZANO, otra maravillosa excepción, ha revestido el color mediterráneo de su propia historia de contemplaciones, lo depura según una rememoración no escrita y sí revelada, luego lo plasma en paisajes que han esperado este momento para exteriorizar su propia biografía y éstos ya consiguen ser por sí mismos.
Antes de empezar la obra, el Mediterráneo y su cuenca esperan, abrazan al que viene a confabularse con él, a hacer de su claridad una ontogénesis de la que emerjan vestigios y alboradas sin esperas.
Deambulando, el artista, poseído del don cromático de la precisión y de la luminosidad centenarias, ha oteado lo sentido y presentido, ha percibido la quimera de sustantivarlo, de no dejarlo al albur de conjeturas, de volcarlo y obligarlo a vivir desde esos espacios que abren campos a la seducción de lo que estará siempre al alcance de un observador que sepa dotarlos de señas de identidad, de reflejos y ansias de goce.
- La obra de esta autor viene a significar tradición y la modernidad que la remonta, tiempo, oficio y resumen, un reclamo para seguir con los ojos las ocres incógnitas que nos depara una creación que no únicamente está pendiente de sí misma.
Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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27 de noviembre de 2010
FRANCISCO LOZANO (1912-2000) / NO RENUNCIAR A LO VIVIDO
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