Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
Este pintor, escultor y muralista italiano nacido en Estados Unidos, Rico Lebrun, contiene y depura el gesto plástico, realza la esencia de una corporeidad morfológica cuya arquitectura se muestra anclada en la claridad de las sombras, de las pesadillas y de la muerte.
Es un desgarro que se adentra en la mirada del espectador para que esa visión se desborde en la fagocitación extrema, dolorosa, de unos organismos expuestos a su propia impotencia.
La consistencia de la realidad pictórica y vivencial se ha consolidado al enmarcar la tonalidad cromática en la oscuridad matizada que alumbra unos destellos moribundos. Obra, por lo tanto, que se ha fraguado en las experiencias vividas y presenciadas en tantos y tantos años.
Le digo a mi amigo Humberto que según San Agustín, el gran pecado es el de adorar a la criatura en lugar del creador. Seguramente, le respondo, el honorable beato todavía no había probado el ron.
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