Para el rumano MITRO el retrato no tiene que representar, sino que tiene que mostrar la fealdad de ese espíritu que llevamos dentro y que no descansa en su odio y sufrimiento.

Sus bustos no necesitan ir más allá de una luz oscura, la misma que ilumina una aciaga existencia, la que el dibujo y las manchas cromáticas corrosivas reflejan como la anunciación de una llegada funesta.

- Al contemplarlos no dejamos de confrontar su visión y la nuestra, pues acude esa memoria que delata y conmina a no estar delante para no asomarnos.



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