Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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17 de febrero de 2015
REGUERO SIERRA Y NOVAL GARCÍA / NO NOS CULPEN SI NO SABEMOS HACER OTRA COSA
Esta corrupción "moralizante" y "moralizada" que está dejando tras de sí un inmenso reguero de ruinas y escombros, no es dolorosamente creíble hasta que nos implica directa y brutalmente. Una colección de arte que forma parte de una herencia, un asturiano, REGUERO SIERRA, ferviente devoto de "a Dios rogando y con el mazo dando", promotor inmobiliario, detentador de hasta veintisiete cargos públicos y privados, fogueado en continuas aperturas y cierres de empresas, brillante estratega en movimientos de capitales -pueden imaginar lo que quieran y seguramente acertarán- y así sucesivamente, fue finalmente designado albacea -por antiguos amores o por intereses de otra índole- y un secuaz contratado, también asturiano, NOVAL GARCÍA, como tasador experto para la valoración de dicha colección, son los auténticos protagonistas de este caso.
Sin entrar en los desmanes de una valoración desmesurada, el hecho cierto es que dos cuadros de de NICANOR PIÑOLE, un artista asturiano emblemático del siglo XX, son considerados originales y así se registran y cuantifican en el inventario al respecto.
Lo sorprendente y vergonzoso ocurre cuando el heredero un año después pone a la venta estas obras y el propia museo del artista, al que se le consulta, los tacha de falsos. ¿Cómo puede ser? ¿Qué ha pasado? ¿Los originales eran fraudulentos y los identificaron como auténticos para incrementar la minuta? ¿Los falsificaron después? Los responsables mencionados no dan respuesta, ni la más mínima.
¿Qué recursos le quedan al perjudicado? ¡La justicia, claro! Pero ¿la de quién o qué, la de ese contraderecho que se vuelve un contenido efectivo e institucionalizado de las formas jurídicas?
Espero que me entiendan cuando me remito a Churchill y sus palabras en 1933 sobre el Duce:
"el genio romano encarnado por Mussolini, el más grande legislador vivo, adornado con las sorprendentes cualidades de valentía, inteligencia, autocontrol y perseverancia. Ahí es nada. Y las correspondiente, en 1937, a Hitler: "un político extremadamente competente, de modos galantes, sonrisa desarmante y un sutil magnetismo personal del que es difícil escapar". Como ya lo sabrán, el daño causado por esos prohombres intachables fue inmenso.
Esta es la pequeña historia de una infamia, una más de las miles que día a día tienen lugar en este país. Y no hay modo de pararlas y castigarlas. Ésta seguramente tampoco.
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