PHIL FROST (1973) / NO ES UNA DECORACIÓN PARA EL CULTO


  •  En la obra del americano FROST el juego de relaciones formales y cromáticas conforma un puzzle en que las percepciones visuales de lo contemporáneo se fusionan con las de lo primitivo, ancestral, tribal o incógnito.


  •  Porque debajo de ese muestrario de diversión avanza una ferocidad que transgrede el retablo, que formula sin compasión sentencias y admoniciones, que desintegra la belleza para acatar otra atemorizante y delirante.  


  •  Es un repertorio pictórico bien programado, perfectamente delineado, con una ornamentación que matiza la condición estética de la creencia, del arte y de lo que se espera de él cuando hay un rito que se desprende del ídolo.

 Acerca del tiempo y del espacio no tiene medida o por lo menos no han sido su preocupación, al contrario, lo que antecede es el mensaje, la comunicación y el impacto de todo aquello que es mestizo, rabioso y ya se ha descodificado. 
¿Y quién dirá que existí,
que viví para soñar?
Una vez, una vez sola.
Una vez y ya no más.
Pero una vez es la vida
y otra vez la eternidad.
(José Luis Rey) 

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