Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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2 de noviembre de 2011
K.R.H. SONDEBORG (1923-2008) / EL TRAZO ES IMPERATIVO
¿Ha de liberarse el acto creador de todas las influencias del entorno y del propio pasado para garantizar la autenticidad de la obra? Esta pregunta que se hicieron algunos es ir demasiado lejos, es incurrir en una posición dogmática imposible.
Se insiste en que hay que reinventar la pintura porque los medios existentes se han vuelto insuficientes frente a las realidades nuevas. Tampoco es cierto, porque la verdadera pintura es una nueva propuesta en cada momento, en cada ciclo, ni siquiera las similitudes tienen una correlación estricta, son frecuentemente consaguinidades contrapuestas.
En el caso del danés SONDEBORG, su informalismo tiene la factura de mil demonios negros en movimiento, bailando sobre el blanco de la totalidad y vertiendo el rojo de una sangre no coagulada. Pintura esta que, como en palabras de Millares, es un suicidio constante y un continuo nacimiento.
Y de pronto, de esa dinámica incontrolable, surge una pareja helada que se ama entre tinieblas, aunque el artista se apiada y las alumbra antes de volver a encerrarlas.
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