Esta pintura de la española MUÑOZGARCÍA avanza primero con la tierra sujeta y condensada; nosotros, espectadores, hemos puesto nuestra mirada en otro lugar desde el que enfocarla y situarla. Pero nos equivocamos, parece como si estuviese huyendo, lo que nos obliga a acosarla y desentrañarla.
Después vuelve a buscar un retiro, necesita perspectiva, dilucidar si su transformación toma las suficientes savias y energías, por eso no nos ha quedado otra opción que acorralarla para averiguar si su verdad era auténtica. No obstante, respetamos su agotamiento y regeneración sin intentar atacarla.Al final, consideramos que desde un escondite podíamos obtener una mejor visión y evitamos su persecución para hacer valer su fuerza. En tal sentido, esta obra hay que medirla y percibirla por su caudal sensitivo, por sus objetivos plásticos y por las vitalidades telúricas que generan durante el esfuerzo emancipador.
Son pequeños mapamundis en los que celebrar naturalezas conformadoras de silencios salvajes, de tránsitos cosmográficos, de paisajes vírgenes. Mientras la contemplación se hace a esta fisonomía terrestre, la intensidad mesurada y elucubradora fluye, se convierte en un plasma luminoso entre tinieblas.
- Tu voz tiene reflejos
- al sol robados
- y dejos
- perlas de amor que han brotado
- del claro oscuro:
- amor de paloma y vencejo.
- (Alberto Vigil-Escalera)
Un breve paseo por obras y artistas que infunden otra forma de mirar. Es una aproximación cuyo deseo es provocar otras emociones más íntimas y cercanas si cabe.
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19 de abril de 2011
TERESA MUÑOZGARCÍA / DESDE EL AIRE
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