5 de diciembre de 2011

JOSÉ LUIS FARIÑAS (1972) / UN ENCUENTRO QUE TUVO UN JUBILOSO INFIERNO

  •  Me fui a la isla y me vine con ella en la luz y la memoria. Pero no sólo con ella, ni mucho menos. Está ese uno que ha sido él y lo que de él emana. Un fenómeno sin paliativos  y herido de sombras que pagan el peaje de la vida con sus fantasmas.
  •  ¿De qué nos sirven el conceptualismo, la deconstrucción, el arte efímero, las acciones plásticas de quito y pongo? Solamente el ver la obra del cubano JOSÉ LUIS FARIÑAS lo borra todo hasta quedarse un instante y un vacío que modifican la trascendencia del yo y su inclusión en el hemisferio que nos vaya a tocar de la oscuridad.   
  •  Esa inmanencia e inmensidad pictóricas, esa totalidad sacralizadora, desde las cuales la integridad temporal deja de transcurrir, te traslada a un ser y estar más allá incluso de lo que consideramos el principio y el final, es arribar a un fondo, hermoso, hermosísimo, de una ubicación en que nos mutamos, en que somos una genealogía infinita de otra confluencia.
  •  Entonces, ahora y en la hora, no puede haber un silencio cómplice en un pensamiento alimentado por estas vivencias y realidades que determinan un hacer artístico. La eclosión estética de este quehacer es insistituible ayer, hoy y mañana. Estará siempre buscándonos como una perennidad que no ceja, pues esa visión "milenarista" formará parte del discurso ontológico de una realización maravillosa. 
  •  Por tanto, comoquiera que el trabajo de JOSÉ LUIS no permite irse por los márgenes, ni remitirse a significaciones que se remontan a otras semánticas, ni andarse por las ramas, ni brincar a través de ellas, es por lo que se entra de lleno en una representación que abarca el todo por el todo, el espanto y la gloria, la plegaria y el amor por el infierno, la desnudez y el magnífico desamparo. Y en todo sus enfoques la alegoría es concluyente, no valen tópicos que comulguen con el signo, lo que tiene auténtico hechizo es el esplendor de un conocimiento creativo sin parangón. 
  • Ya dije en un primer "post" que le dediqué, que hay mundos que cuando se abren no hay fuerzas posibles que puedan volver a cerrarlos. También, como adición y sin supuración de solemnidad, cabría hablar de un imaginario isleño de pura sublimación, de contra utopías que culminan en océanos videntes y visionarios, en delirios ensamblados para miradas absolutas, jamás presas de un ansia de fuga aliviada.

  • Son ámbitos desmesurados para transfigurar desde un Malecón que resume la virtud de un testamento depositado en la eternidad como un testigo invicto, como la muestra del genio que conquista lo real e irreal de lo secreto.

  • Entre dos vidas próximas no hay más que algún abismo.
  • Tras el perfecto acorde la disonancia embiste,
  • Y llega a un paroxismo
  • Que ha de absorber, por fin, la luz del día.
(Jorge Guillén). 

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